La economía española despide 2025 con un crecimiento sólido, empleo en expansión y un escenario empresarial marcado por grandes operaciones corporativas, aniversarios simbólicos y la irrupción masiva de la inteligencia artificial.
El PIB crecerá en torno al 2,9%, según el Banco de España, situando al país por encima de la media de la eurozona, mientras el mercado laboral suma más de medio millón de ocupados y la actividad turística se aproxima a máximos históricos. Sin embargo, problemas estructurales como la vivienda, la productividad estancada y la presión sobre los costes salariales recuerdan que la coyuntura favorable aún debe transformarse en ventaja competitiva sostenible.
Desde la OPA fallida del BBVA sobre Sabadell hasta los 75 años de SEAT y los 40 de la Fundación CEOE, pasando por la consolidación de la IA como motor de eficiencia y riesgo, 2025 deja un mosaico económico que combina oportunidad, desafío y transición estratégica.
Empleo: más ocupados, menos comodidad
El mercado laboral fue uno de los principales soportes del año. La Encuesta de Población Activa (EPA) del tercer trimestre situó el número de ocupados en 22,387,100, con un incremento interanual superior a los 560.000 puestos, aunque la tasa de paro permanece elevada y la calidad del empleo (temporalidad y bajos salarios en sectores clave) sigue siendo un problema estructural.
Para las empresas, ese músculo en empleo ha significado sostener consumo y demanda interna; para el Gobierno, margen fiscal adicional; y para los analistas, una llamada de atención: crear empleo no basta si no aumenta la productividad por hora.
La OPA sobre el Sabadell
El pulso corporativo del año lo protagonizó la OPA del BBVA sobre Banco Sabadell, que fracasó tras lograr apenas un 25,33% de aceptación del capital, lejos de los umbrales exigidos por la oferta. El resultado ha reforzado la autonomía del Sabadell y ha puesto de relieve la capacidad de resistencia del accionariado minoritario y de actores locales, al tiempo que obliga a la banca grande a replantear su hoja de ruta de consolidación.
Lectura para inversores: la consolidación bancaria en España ya no es solo cuestión de aritmética financiera; es también cuestión de política, legitimidad social y percepción regulatoria.
Turismo, energía y fondos: los vectores que marcaron 2025
El turismo volvió a tirar de la economía: las previsiones certeras del sector situaron a España muy cerca de los 98 millones de turistas en 2025, consolidando al país como imán de inversión hotelera y servicios. El reto ahora es equilibrar esa llegada masiva con sostenibilidad urbana, oferta de vivienda y calidad de vida local.
En energía, España dio pasos firmes: las renovables coparon una porción histórica del mix eléctrico (más de la mitad en 2025), con Red Eléctrica y operadores locales apuntando a porcentajes superiores al 55%–56% del mix anual gracias a la fotovoltaica y la eólica. La mayor penetración renovable redujo costes industriales y reforzó la competitividad de sectores electrointensivos.
Los fondos europeos Next Generation siguieron siendo capital estratégico: 2025 fue el último gran año operativo para ejecutar proyectos con impacto —energía, digitalización de pymes y PERTE industriales— y la evaluación concentra ya no solo la cantidad comprometida, sino el retorno real sobre productividad y empleo.
Hidrógeno, gigafactorías y reindustrialización
La apuesta por hidrógeno renovable y por cadenas de suministro asociadas elevó a 2025 la ambición industrial: cientos de proyectos (varios con millones movilizados) y convocatorias públicas que empujaron inversiones en megaproyectos y en electrólisis industrial. Aunque parte de esas inversiones aún está en fases iniciales, la cartera de proyectos transforma la narrativa: España compite por convertirse en hub europeo de hidrógeno.
Inteligencia artificial
La IA fue el eje tecnológico del año. España no lidera la creación de modelos globales, pero sí ha acelerado la adopción empresarial: estudios y datos del ecosistema muestran que el país ha superado ya los 2.000 millones de euros captados en IA y tecnologías deep tech en los últimos años, y que una mayoría de empresas incrementó su gasto en 2025 para integrar automatización y análisis avanzado. La lectura para empresas y reguladores es doble: hay oportunidad real para mejorar productividad, pero también riesgo de dependencia tecnológica y de sobrevaloraciones en mercados donde la euforia puede sobredimensionar expectativas.
El escenario práctico: proyectos de IA con retorno operativo medible (reducción de costes, mejora de cadenas logísticas, mantenimiento predictivo) deben priorizarse sobre apuestas especulativas.
Vivienda, salarios y competitividad
La crisis de la vivienda siguió ganando protagonismo: subidas del alquiler de entre el 8% y el 10% en áreas urbanas, una demanda turística que tensiona el parque residencial y una oferta pública insuficiente para absorber la presión demográfica y la movilidad laboral. En paralelo, los convenios cerrados en 2025 incorporaron subidas salariales que, si bien mejoran el poder adquisitivo, ejercen presión sobre márgenes de pymes que no han conseguido aún la productividad necesaria para sostener incrementos recurrentes.
Conclusión: sin reformas que eleven productividad, el ajuste salarial puede traducirse en pérdida de competitividad.
Mercados y financiación: apetito, pero selectivo
El Ibex mostró fortaleza en 2025 gracias al peso de banca y energía; las salidas a Bolsa y ampliaciones de capital se recuperaron tímidamente, sobre todo en energía, infraestructuras y ‘deep tech’. No obstante, los inversores siguen exigiendo más tamaño y resultados: el mensaje fue claro para las pymes españolas que aspiran a escalar: sin masa crítica y gobernanza financiera, el acceso a capital será más caro y selectivo.
Balance final
2025 deja a España en una posición relativa de ventaja: crecimiento por encima de la eurozona, empleo que sostiene la demanda y transiciones energéticas y digitales en marcha. Pero la foto solo será positiva en el medio plazo si el país convierte ese ciclo favorable en reformas productivas: aumentar inversión en I+D, consolidar proyectos industriales (gigafactorías, hidrógeno), resolver el déficit de vivienda asequible y lanzar políticas formativas que ataquen el cuello de botella del talento.
En clave de empresa: 2026 exigirá decisiones estratégicas —más consolidación bancaria con soporte político, mayor apuesta por proyectos de retorno tangible en IA y renovables, y un estímulo claro a la formación técnica— para transformar el empuje coyuntural en ventaja competitiva sostenible.

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