Un robo de más de 1.700 bitcoins, valorados en unos 110 millones de dólares, ha puesto en duda uno de los sistemas de custodia de criptomonedas considerados más seguros.
El ataque afectó a más de 5.000 usuarios de las carteras frías Coldcard y ha reabierto el debate sobre la protección de los activos digitales, pese a que este tipo de dispositivos no permanecen conectados a internet.
Lo ocurrido recuerda al planteamiento de La Casa de Papel: los atacantes no necesitaron abrir la caja fuerte, sino encontrar la forma de acceder al contenido sin tocarla.
En este caso, los hackers no vulneraron físicamente las billeteras, ya que las criptomonedas permanecen registradas en la cadena de bloques (blockchain) y las carteras únicamente almacenan las claves necesarias para autorizar las operaciones.
¿Cómo «se llevaron» los bitcoins?
Según datos de Galaxy Research citados por Bloomberg, el ataque comprometió alrededor de 1.700 bitcoins, una cifra inferior a otros grandes robos del sector, pero suficiente para sembrar dudas sobre la seguridad de la autocustodia.
La principal hipótesis es que los ciberdelincuentes explotaron una vulnerabilidad en el sistema de contraseñas, utilizando inteligencia artificial para analizar código, detectar fallos y probar combinaciones hasta acceder directamente a las cuentas, sin interceptar las claves durante las transacciones.
El incidente ha intensificado el debate entre quienes defienden las carteras frías y quienes prefieren custodiar sus activos mediante plataformas centralizadas.
«Por un lado, están los maximalistas de Bitcoin, que prefieren la autocustodia porque creen que es la forma más segura de almacenar sus bitcoins. Por otro lado, están los que no solo son maximalistas, sino que apoyan todo el sector y utilizan las plataformas centralizadas y carteras calientes como custodia de fondos», explica Andrés D., perito especializado y jefe de investigación on-chain de B-Block.
