Después de dos jornadas de fuerte volatilidad, los mercados financieros registraron un alivio este miércoles tras conocerse posibles contactos secretos entre Irán y la Agencia Central de Inteligencia (CIA) estadounidense.
La información, adelantada por el The New York Times, apunta a que representantes iraníes habrían intentado establecer comunicación a través de un país intermediario para explorar la posibilidad de desescalar el conflicto.
Aunque la noticia ha generado cierto optimismo, la cautela sigue siendo la norma. Funcionarios estadounidenses se muestran escépticos sobre la disposición real de Teherán o de la administración Trump para un acuerdo inmediato.
Mientras tanto, el embajador iraní ante la ONU en Ginebra descartó por ahora cualquier negociación formal, y Trump aseguró que “Teherán quería dialogar, pero es demasiado tarde”.
Este atisbo de comunicación ha impulsado un rebote en las bolsas europeas. El EuroStoxx 50 recupera niveles cercanos a 5.900 puntos y el Ibex 35 sube más del 2%, regresando a los 17.400 enteros. Wall Street abrió en positivo tras unos futuros que habían anticipado caídas.
En el sector energético, los precios del gas y del petróleo suavizan la escalada de los últimos días. Los futuros del gas en Europa caen más del 10%, situándose por debajo de los 50 euros por MWh, y el barril de Brent retrocede a 82 dólares tras haberse acercado a los 85.
El dólar pierde fuerza frente al euro, la libra y el yen, mientras que el oro y el bitcoin reflejan un cierto retorno de apetito por el riesgo.
Los movimientos en Irán
La atención global sigue centrada en el Estrecho de Ormuz, por donde transita buena parte del petróleo y gas natural licuado del Golfo Pérsico.
La moderación de los precios refleja una percepción creciente de que, pese a la tensión, el conflicto podría ser limitado en el tiempo.
Analistas advierten que, aunque la calma actual es bienvenida, los mercados seguirán siendo sensibles a cualquier escalada adicional.
La combinación de tensiones geopolíticas y la volatilidad energética mantiene a inversores y gobiernos en alerta, recordando que Oriente Medio sigue siendo un factor determinante en la estabilidad económica global.

EE.UU. e Irán