Bruselas exige a España un plan para eliminar las tarifas reguladas de la luz

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La Comisión Europea ha puesto el foco sobre uno de los pilares sensibles del mercado energético: los precios minoristas de la electricidad.

En un informe reciente, Bruselas insta a países como España a definir una hoja de ruta clara para abandonar las tarifas reguladas y avanzar hacia un sistema plenamente basado en el mercado.

El mensaje no es nuevo, pero sí más explícito. Las intervenciones públicas, advierte la Comisión, deben ser temporales, justificadas solo para proteger a consumidores vulnerables o facilitar la transición. Convertirlas en permanentes, subraya, puede distorsionar la competencia y debilitar las señales de precio.

España figura entre los seis países que aún mantienen mecanismos de este tipo. En concreto, el 29% de los hogares españoles sigue acogido a tarifas reguladas, una proporción inferior a la de Francia o Polonia, pero significativa en términos de mercado.

Bruselas recuerda que el principio general europeo establece que los comercializadores deben fijar libremente los precios.

Aunque reconoce que las tarifas reguladas pueden aportar estabilidad, también advierte de sus efectos a largo plazo: menor eficiencia energética y menor dinamismo competitivo.

En este contexto, la Comisión exige planes concretos. Los Estados deberán fijar hitos, indicadores y medidas para reducir distorsiones, además de garantizar transparencia y trato equitativo entre operadores.

Bruselas sobre la electricidad

El aviso afecta directamente a instrumentos como el PVPC o el bono social, que siguen teniendo peso en el mercado español.

En paralelo, Bruselas ha reforzado su agenda de supervisión. La Comisión propone endurecer el control financiero de las comercializadoras eléctricas, tras las tensiones vividas durante la crisis energética de 2021 y 2022.

El objetivo es evitar episodios de inestabilidad derivados de una gestión insuficiente del riesgo.

El foco está en el uso de coberturas frente a la volatilidad de precios. La falta de estrategias de “hedging” dejó expuestos a numerosos operadores, provocando tensiones financieras que acabaron trasladándose al consumidor.

El nuevo enfoque apuesta por marcos prudenciales, test de estrés y mayor transparencia. En España, este papel recae en la CNMC, que deberá reforzar su supervisión.

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