China despidió 2025 con un superávit comercial histórico de 1,02 billones de euros, el mayor registrado hasta la fecha por el país, en un ejercicio marcado por las tensiones geopolíticas y el deterioro de las relaciones comerciales con Estados Unidos. En términos absolutos, el saldo positivo de la balanza comercial alcanzó los 1,189 billones de dólares, lo que supone un incremento cercano al 20% respecto a 2024, consolidando al gigante asiático como uno de los grandes motores del comercio global.
Este resultado se produce a pesar del fuerte retroceso del intercambio comercial con Estados Unidos, consecuencia directa de la guerra arancelaria entre ambas potencias. A lo largo del año, Washington mantuvo y reforzó los gravámenes sobre una amplia gama de productos chinos, a los que Pekín respondió con medidas de represalia. El efecto combinado de estas decisiones se tradujo en un descenso significativo de las exportaciones chinas al mercado estadounidense, tradicionalmente uno de sus principales destinos.
Diversificación geográfica del comercio exterior
Sin embargo, el impacto de este enfrentamiento fue compensado por la diversificación geográfica del comercio exterior chino. Durante 2025, China reforzó sus intercambios con otras economías clave, especialmente en Asia, África y América Latina, así como con la Unión Europea. Esta estrategia permitió sostener el dinamismo exportador y amortiguar la caída de los flujos con Estados Unidos, demostrando una mayor resiliencia del modelo comercial chino.
El récord de superávit también refleja el peso creciente de sectores de alto valor añadido, como la tecnología, la automoción eléctrica, los equipos industriales y las energías renovables. Estas industrias han ganado protagonismo en la cesta exportadora del país, alineándose con los objetivos estratégicos de Pekín de avanzar hacia una economía más sofisticada y menos dependiente de productos de bajo coste.
Desde el punto de vista macroeconómico, el abultado superávit comercial aporta un colchón relevante para la estabilidad financiera del país, en un contexto de desaceleración del crecimiento interno y de retos estructurales en ámbitos como el consumo o el sector inmobiliario. Al mismo tiempo, refuerza la posición de China en los mercados internacionales de divisas y su capacidad de maniobra en política económica.
No obstante, el dato también reaviva el debate internacional sobre los desequilibrios comerciales globales y el papel de China en ellos. Diversos socios comerciales observan con preocupación la magnitud del superávit, al considerar que puede intensificar las fricciones comerciales y las presiones proteccionistas en los próximos años.
En definitiva, el cierre de 2025 confirma que, pese a la guerra comercial con Estados Unidos, China ha logrado mantener e incluso ampliar su fortaleza exportadora. Un resultado que evidencia tanto la capacidad de adaptación de su economía como los desafíos que plantea su creciente peso en el equilibrio del comercio mundial.

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