La tensión entre Estados Unidos e Irán entra en su sexto día sin señales de desescalada, manteniendo en vilo a los mercados energéticos globales.
La región afectada concentra una parte sustancial de las exportaciones mundiales de crudo y cualquier alteración prolongada amenaza con impactar en precios, inflación y crecimiento.
Sin embargo, por segunda jornada consecutiva, el mercado parece optar por la prudencia antes que por el pánico. El barril de Brent sube un 3%, pero lejos de los repuntes abruptos que suelen acompañar a este tipo de crisis geopolíticas.
Las Bolsas europeas, tras el desplome de comienzos de mes, intentan recomponerse en medio de una volatilidad extrema.
El Ibex 35 llegó a oscilar entre pérdidas y ganancias superiores al 1% en la misma sesión, reflejando un entorno dominado por la incertidumbre.
En Wall Street, el S&P 500 retrocede un 0,8%, mientras los inversores buscan referencias claras sobre la evolución del conflicto.
El mayor temor sigue concentrado en el estrecho de Ormuz, arteria estratégica por la que transita uno de cada cinco barriles de petróleo consumidos en el mundo.
El tráfico marítimo se encuentra prácticamente detenido y la Guardia Revolucionaria iraní ha informado de ataques en el golfo Pérsico, incluido el incidente que habría afectado al petrolero Sonangol Namibe frente a la costa iraquí.
Los alrededores de Irán
Con los envíos paralizados, países como Irak y Kuwait acumulan crudo en instalaciones que rozan su capacidad máxima. También el gas natural licuado sufre interrupciones.
El contrato TTF europeo cotiza en torno a 49 euros por megavatio hora, un 60% más que antes de los ataques, aunque la sesión apenas muestra un alza del 0,5%.
La competencia por el suministro ha provocado desvíos de cargamentos hacia Asia, altamente dependiente del gas para su generación eléctrica.
Corea del Sur vivió un desplome bursátil del 12% que posteriormente rebotó, mientras Japón y China muestran avances moderados.
En este contexto, el mercado alterna fases de calma y sobresalto. La incógnita es si la contención actual responde a confianza real o simplemente a la expectativa de que el conflicto no derive en un cierre efectivo y prolongado de Ormuz. Mientras tanto, la volatilidad se consolida como la nueva norma.

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