Cuatro caminos para revivir la productividad

La economía española celebró haber superado, por primera vez en su historia, la barrera de los 22 millones de trabajadores afiliados. El optimismo se apoya en un mercado laboral en expansión, mientras el consumo resiste y la economía mantiene un dinamismo superior al de buena parte de Europa. Sin embargo, detrás del buen tono macroeconómico persiste una pregunta de fondo: ¿puede un país sostener su crecimiento si la productividad continúa avanzando lentamente?

El debate dejó de ser técnico para convertirse en estratégico. El I Informe del Consejo de la Productividad de España — elaborado por el Consejo de la Productividad de España, un órgano asesor independiente creado en julio de 2024 para analizar la eficiencia de la economía española— advierte que la productividad por hora trabajada aumentó alrededor de un 1% anual entre 2022 y 2025, el doble que en el periodo previo a la pandemia.

Y añade un matiz relevante: desde 2018, la remuneración real por hora trabajada ha crecido un 7,7%, por encima del aumento de la productividad por hora (3,6%), reflejando una mejora en la distribución de las ganancias. Sin embargo, el propio informe advierte de que este avance sigue siendo insuficiente para sostener el crecimiento futuro de la renta per cápita.

La entidad pública pone sobre la mesa cuáles son las palancas para acelerar la evolución de la productividad en España y competir con los homólogos europeos. En concreto, son cuatro los aspectos a trabajar: inversión privada, financiación empresarial, adopción de inteligencia artificial y unidad de mercado. Cuatro vectores que, combinados, podrían redefinir el modelo productivo en la próxima década.

Miguel Cardoso, economista jefe para España de BBVA Research
Miguel Cardoso, economista jefe para España de BBVA Research

INVERSIÓN PRIVADA: EL PUNTO DE PARTIDA

El primer gran reto es elevar la inversión privada, tanto en volumen como en calidad. Durante años, la economía ha acumulado un déficit en capital productivo, especialmente en activos intangibles como tecnología, organización o innovación.

Desde una perspectiva estructural, Miguel Cardoso, economista jefe para España de BBVA Research, subraya que el problema no es único. “La economía española presenta, al mismo tiempo, un problema de insuficiente acumulación de capital productivo y otro de asignación ineficiente de recursos. No son fenómenos excluyentes”, explica.

El presidente del Consejo de la Productividad, Juan Francisco Jimeno, apunta además a la calidad de esa inversión. “La inversión más decisiva es la que aumenta el capital humano; sin personas bien formadas, la tecnología se convierte en escaparate”, advierte.

Pero en el terreno empresarial, el enfoque es aún más directo. Iago Fraga, experto y mentor en productividad empresarial, introduce un matiz clave y es que no toda inversión genera productividad real. “Se están financiando proyectos muy complejos por estar de moda, mientras se ignoran mejoras básicas con retorno inmediato”, señala. Y explica que “da miedo la facilidad con la que se financian proyectos de IA mientras ni siquiera se plantea enseñar mecanografía a todos los trabajadores que usan ordenador”.

Para el consultor, la clave no es solo invertir más, sino hacerlo con lógica productiva. “Una cosa es una apuesta casi especulativa; la otra tiene un ROI inmediato y objetivo”, resume.

FINANCIACIÓN: EL CUELLO DE BOTELLA

El segundo eje se centra en la financiación empresarial, especialmente en la capacidad de las empresas para crecer. España mantiene un tejido productivo altamente atomizado, donde predominan pequeñas compañías con dificultades para escalar.

Para Miguel Cardoso, este es uno de los factores centrales de la brecha de productividad. “Las empresas medianas y grandes son más productivas, invierten más, innovan más y exportan más”, explica. El problema es que muchas compañías no alcanzan ese tamaño.

Aunque se han desarrollado nuevos instrumentos en los últimos años, el sistema sigue mostrando limitaciones. Jimeno advierte de la escasa profundidad en áreas como capital riesgo o financiación alternativa, lo que dificulta el salto de escala.

Iago Fraga, experto y mentor en productividad empresarial
Iago Fraga, experto y mentor en productividad empresarial

Desde la práctica empresarial, Fraga introduce una visión complementaria. A su juicio, parte del problema no es solo financiero, sino estructural. “Hay negocios perfectamente viables cuya productividad cae simplemente porque aumentan los costes derivados de intermediarios o dinámicas especulativas”, explica.

Además, advierte que “no hay negocio que soporte especulación ilimitada”. Incluso empresas que mejoran su operativa pueden ver deteriorada su productividad si el entorno presiona sus márgenes.

IA: OPORTUNIDAD Y RIESGO

El tercer vector es la inteligencia artificial, una de las grandes palancas potenciales de productividad. Cardoso sitúa el foco en la adopción. Su impacto dependerá menos de la tecnología en sí que de la velocidad con la que se incorpore al tejido productivo.

“La adopción está siendo muy desigual. Las empresas grandes muestran una capacidad muy superior para incorporar estas tecnologías, mientras que las pymes lo hacen con bastante más lentitud”, explica.

El economista de BBVA Research considera que esta brecha es relevante porque “la IA puede contribuir a resolver parte de los problemas estructurales de productividad, pero también que, si no se acompaña de las políticas adecuadas, puede amplificar diferencias ya existentes”.

Fraga, sin embargo, rebaja el tono alarmista sobre una posible brecha estructural. “No creo que exista una diferencia insalvable. Primero llegarán los pioneros y después aparecerán soluciones maduras y asequibles”, sostiene.

Para el consultor, el problema no es la tecnología, sino el enfoque. “La productividad no mejora por la herramienta, sino por cómo cambia la forma de trabajar”, explica. Y advierte de un error recurrente y es que “muchas empresas buscan mejorar un 10% o un 20%, cuando otras la disparan simplemente cambiando el modelo”.

UNIDAD DE MERCADO: LA REFORMA SILENCIOSA

El cuarto eje es menos visible, pero igual de determinante: la unificación del mercado interior. España opera con un sistema regulatorio fragmentado que genera duplicidades y barreras al crecimiento empresarial. El denominado Régimen 20, una iniciativa del Gobierno para unificar y simplificar las trabas burocráticas para las empresas en todo el territorio nacional, busca precisamente avanzar hacia un marco más homogéneo. Sin embargo, aún los resultados no son visibles.

Miguel Cardoso sitúa este problema dentro del entorno institucional. A su juicio, la mejora de la productividad exige algo más que medidas aisladas. “La economía necesita un marco más estable y predecible, con menos incertidumbre regulatoria, más competencia, mayor seguridad jurídica y un sector público más eficaz”, explica.

Este enfoque obliga a ampliar la mirada. El economista señala que “no se trata únicamente de regulación, sino de una agenda más completa que incluya también el mercado laboral, la participación en el empleo, la política migratoria o la calidad del capital humano”. “Más que escoger entre distintos ámbitos, lo que se necesita es una estrategia coherente que refuerce la reasignación eficiente de capital y trabajo”, sostiene Cardoso.

Sin embargo, incluso con mejores reglas, el cambio no será automático. Iago Fraga introduce aquí una última capa de análisis: la cultura empresarial. “Puedes mejorar la productividad controlando más, pero lo esperable es más desconfianza y fatiga”, advierte. Su planteamiento apunta en otra dirección: “La alternativa es construir organizaciones basadas en autonomía, confianza y responsabilidad. Es más difícil, pero mucho más productivo”.

El reto de la productividad ya no es una cuestión de diagnóstico, sino de ejecución. Las palancas están identificadas y el margen de mejora es evidente, pero el salto exige coherencia, continuidad y una visión de largo plazo. El siguiente desafío será mucho más exigente: convertir el crecimiento en eficiencia sostenida. Porque, en un entorno cada vez más competitivo, la productividad no es solo una variable económica, sino la base real sobre la que se construyen los salarios, la competitividad y la prosperidad futura.

ANTE UN ESPEJISMO

EL PRESIDENTE DEL CONSEJO DE LA PRODUCTIVIDAD DE ESPAÑA, JUAN FRANCISCO JIMENO SERRANO, ANALIZA LOS RETOS ESTRUCTURALES DE LA ECONOMÍA Y ADVIERTE DE LA NECESIDAD DE TRANSFORMAR EL MODELO

El presidente del Consejo de la Productividad, Juan Francisco Jimeno
El presidente del Consejo de la Productividad, Juan Francisco Jimeno

¿Qué sectores explican la mejora reciente de la productividad y cuáles continúan lastrándola?

La señal incómoda es que el avance reciente no procede, de forma clara, de una nueva ola industrial de alto valor añadido. Hay dinamismo en actividades profesionales y científicas y en la exportación de servicios no turísticos, pero España sigue descansando demasiado en sectores intensivos en empleo y modestos en productividad: hostelería, comercio tradicional, servicios personales y parte del turismo. No se trata de despreciarlos, sino de dejar de confundir resistencia con transformación. Los PERTE y los fondos Next Generation fueron presentados como palanca modernizadora; su efecto transformador aún debe demostrarse con evaluación rigurosa, no con cifras de ejecución ni con pronunciamientos ministeriales.

España está cerrando brecha con la UE, pero ¿a qué ritmo realista podría converger con los países más avanzados?

España ha crecido desde la pandemia por encima de la media europea, pero conviene no engañarse: crecer más que una Europa débil no equivale a converger con el núcleo avanzado. La brecha de renta per cápita ronda el 8% frente a la media de la UE y se acerca al 25% frente a economías como Alemania, Dinamarca o Países Bajos. Cerrar esa distancia exigiría décadas de crecimiento diferencial sostenido.

¿Por qué la inversión privada sigue siendo insuficiente pese al crecimiento económico?

La inversión más decisiva es la que aumenta el capital humano; sin personas bien formadas, la tecnología se convierte en escaparate. España ha elevado el nivel educativo de las nuevas generaciones, pero persisten dudas sobre la calidad de la educación universitaria, las competencias que adquieren los estudiantes y la composición por campos de estudio. La inversión empresarial con mayor impacto reciente ha sido la intangible: software, datos, organización, marca, I+D, formación y gestión. Ahí empiezan a verse avances, pero el retraso acumulado es considerable.

¿En qué punto se encuentra España en la adopción de la IA frente a la UE? ¿Qué sectores pueden obtener mayores ganancias de productividad?

Europa ha perdido la carrera del desarrollo de la inteligencia artificial frente a EE.UU. y China. La pregunta ahora es si también va a perder la carrera de adopción. España no es una excepción: la adopción empresarial avanza, pero sigue siendo limitada, experimental y poco integrada en la organización del trabajo. La IA no mejora la productividad por instalar una herramienta, sino por rediseñar procesos, datos, incentivos y tareas. Los sectores con más potencial inmediato son servicios profesionales, logística, banca, industria, salud y administración. La Estrategia Nacional de IA debe medirse por uso efectivo en empresas, no por convocatorias, observatorios ni titulares sobre soberanía tecnológica.

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