El Banco de España ha actualizado sus previsiones macroeconómicas para 2026 con un mensaje claro: más crecimiento, pero también más inflación en un contexto marcado por la guerra en Oriente Medio.
El organismo eleva en nueve décimas su estimación de precios y sitúa el IPC en el 3% para este año, aunque advierte de que el escenario podría deteriorarse con rapidez.
En el peor de los casos, la inflación podría escalar hasta rozar el 6%, impulsada por el encarecimiento de la energía y sus efectos indirectos sobre el conjunto de la economía.
El supervisor reconoce que parte de esta revisión ya responde al buen comportamiento previo de la actividad, pero añade el impacto directo del conflicto geopolítico.
El encarecimiento energético explica buena parte del ajuste, aunque no en su totalidad. Los efectos de segunda ronda —con empresas trasladando costes a precios— añaden presión adicional, especialmente en la inflación subyacente.
También los alimentos aportan nuevas tensiones, reflejando la rapidez con la que el shock energético se traslada a la cesta de la compra en España.
El análisis de Banco de España
El Banco de España destaca el papel del paquete anticrisis aprobado por el Gobierno, que ha permitido compensar el impacto inicial de la energía sobre la inflación.
No obstante, el organismo introduce matices: considera que las medidas son útiles pero “poco focalizadas” y mejorables desde el punto de vista redistributivo, al no concentrarse suficientemente en los hogares más vulnerables.
Para anticipar la evolución futura, el supervisor trabaja con dos escenarios. En el más moderado, la inflación subiría hasta el 3,9%, mientras que en un escenario severo alcanzaría el 5,9%, en función de la duración del conflicto y del comportamiento de materias primas como el petróleo y el gas.
En paralelo, la economía española mantiene cierto dinamismo. El Banco de España revisa al alza el crecimiento del PIB hasta el 2,3%, una décima más que en su anterior previsión.
Sin embargo, la guerra restaría cuatro décimas al avance económico, parcialmente compensadas por las medidas públicas, que amortiguan tres de ellas.
De cara a 2027, el organismo también ajusta sus previsiones y sitúa la inflación en el 2,5%, seis décimas más que en diciembre.
El diagnóstico es claro: la economía resiste, pero el riesgo inflacionista sigue muy ligado a la evolución del conflicto y la energía.

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