El Club de Exportadores e Inversores Españoles ha lanzado un llamamiento “a la prudencia y al diálogo” ante la amenaza de ruptura comercial con Estados Unidos, tras las declaraciones del presidente Donald Trump de “cortar todo el comercio” con España.
El organismo destacó la profunda interdependencia económica entre ambos países y advirtió de los riesgos de una escalada que podría afectar tanto al comercio como a la inversión.
Antonio Bonet, presidente del Club, subrayó: “Confiamos en que las autoridades españolas y europeas abran cuanto antes un canal de diálogo con Estados Unidos para tratar de reconducir esta situación. La relación económica transatlántica es demasiado importante para ambas partes como para ponerla en riesgo”.
El club explicó que, si las medidas estadounidenses afectan a las exportaciones españolas, estas entrarían en conflicto con el marco comercial UE-EE.UU., obligando a la Comisión Europea a intervenir y, en el peor escenario, pudiendo derivar en una guerra comercial.
Por otro lado, si las restricciones se dirigen a empresas estadounidenses que suministran a España, el impacto económico sería muy considerable, según Bonet.
España mantiene con EE.UU. un flujo significativo: exportaciones de bienes por más de 16.000 millones de euros y servicios no turísticos por cerca de 18.000 millones, mientras que la inversión norteamericana en España supera los 117.000 millones.
Además, el país depende de suministros estratégicos, como el gas natural licuado, que cubre el 30% del consumo.
Las tensiones de los exportadores
La Comisión Europea ya ha salido en defensa de España, con Olof Gill asegurando que la UE está “dispuesta a actuar si es necesario para salvaguardar los intereses de la Unión Europea”.
Por su parte, el presidente Pedro Sánchez reafirmó la postura española desde La Moncloa: “No a la guerra”, y señaló que España no teme represalias por mantener la soberanía sobre las bases de Rota y Morón.
Mientras Trump mantiene su advertencia, España y la UE buscan un canal de negociación que evite que la situación escale.
El mensaje es claro: proteger los intereses económicos y comerciales transatlánticos se ha convertido en una prioridad estratégica, evitando que la relación con EE.UU. ponga en riesgo la estabilidad de la economía española.

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