El Gobierno ha prorrogado las ayudas sobre los carburantes, aunque con un sistema de retirada progresiva que comenzará este mismo verano, dentro del nuevo real decreto aprobado este lunes para dar continuidad al escudo anticrisis frente al impacto económico derivado de las tensiones en Oriente Próximo.
La norma sustituye al paquete vigente desde marzo, que expiraba este 30 de junio.
El nuevo decreto mantiene parte de las medidas de apoyo a hogares y empresas, pero introduce un calendario para reducir gradualmente algunas de ellas.
La bonificación sobre la gasolina y el gasóleo será de 15 céntimos por litro durante julio, descenderá a 10 céntimos en agosto y quedará en 5 céntimos en septiembre, con el objetivo de eliminarla a partir de octubre.
¿En qué cambia el subsidio sobre los carburantes?
No obstante, el Ejecutivo ha incorporado un mecanismo de reactivación automática. Según explicó el vicepresidente primero y ministro de Economía, Carlos Cuerpo, las ayudas podrán volver a incrementarse si la inflación registra un nuevo repunte durante los próximos meses.
Además de los descuentos sobre los carburantes, el Gobierno mantiene las ayudas dirigidas a los sectores considerados más expuestos a la crisis energética, entre ellos los transportistas y los agricultores, con el objetivo de amortiguar el impacto del aumento de los costes.
Otras medidas en vigor
Otra de las principales novedades del decreto es el inicio de la eliminación progresiva del impuesto sobre el valor de la producción de energía eléctrica, un proceso que culminará en 2028.
Con ello, el Ejecutivo adapta el paquete de medidas al nuevo escenario económico, alejándose de los apoyos generalizados y manteniendo aquellos dirigidos a los colectivos más vulnerables.
La aprobación del decreto se produjo en un Consejo de Ministros extraordinario adelantado un día para garantizar su publicación en el Boletín Oficial del Estado antes de que expirara el plan anterior
El Gobierno defiende que esta nueva fase responde a la persistencia de la incertidumbre geopolítica y al riesgo de que nuevas tensiones energéticas acaben trasladándose a la inflación.

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