El oro acumula una caída cercana al 27% en lo que va de 2026, después de haber protagonizado un histórico rally del 65% durante 2025.
El metal precioso ha perdido impulso tras alcanzar un máximo intradía de 5.595 dólares por onza a finales de enero y cotiza ahora en torno a los 4.100 dólares.
El cambio de tendencia coincide con el aumento de la rentabilidad de los bonos estadounidenses y con los temores inflacionistas derivados del encarecimiento de la energía.
Este contexto ha reducido el atractivo del oro frente a otros activos financieros.
¿Cómo se comporta el mercado frente al oro?
Tras las fuertes compras registradas el año pasado por parte de inversores institucionales y bancos centrales, el mercado centra ahora su atención en factores macroeconómicos como la evolución de los tipos de interés en Estados Unidos y la fortaleza del dólar.
Pese a la corrección, los bancos centrales mantienen su estrategia de diversificación de reservas, lo que continúa aportando apoyo al mercado del metal precioso.
Las previsiones apuntan a que estas compras contribuyan a establecer un suelo en torno a los 4.000 dólares por onza.
Las estimaciones contemplan que el oro pueda corregir durante las próximas semanas antes de recuperar parte del terreno perdido.
En ese escenario, el precio podría situarse en torno a los 4.500 dólares por onza durante el cuarto trimestre de 2026 y regresar a la zona de 5.000 dólares en la primera mitad de 2027.
Durante la reciente crisis en Oriente Próximo, el oro no actuó como refugio para los inversores, a diferencia de lo ocurrido el año anterior.
La volatilidad del mercado y la necesidad de obtener liquidez favorecieron las ventas del metal, mientras el mercado se adaptaba a un nuevo escenario marcado por la evolución del dólar, la política monetaria estadounidense y los rendimientos de la deuda pública.
Actualmente, el entorno de los 4.000 dólares por onza se considera el principal nivel de referencia para la cotización del oro.