¿Entraremos en la oligarquía del chip?

España se adentra en una nueva carrera tecnológica en la que ya no se compite por el volumen, sino por la relevancia estratégica. El nitruro de galio abre una segunda oportunidad en la industria global de los semiconductores, donde debemos definir cuál será el futuro nacional

ChipsGetty

Una nueva ‘oligarquía del chip’ está naciendo. El nitruro de galio (GaN) abrió una nueva fase en la industria de los semiconductores. A diferencia de las anteriores, la clave no está en quién produce más, sino en quiénes producen mejor, con mayor eficiencia, mayor potencia y en aplicaciones críticas.

España se quedó en el banquillo en la primera gran revolución de los chips. El silicio, base de la electrónica moderna, consolidó su dominio en Estados Unidos y Asia, dejando a Europa en una posición secundaria. Pero el tablero empieza a cambiar.

Durante décadas, el silicio ha sido la base indiscutible de la electrónica, impulsando desde los primeros microchips hasta la revolución digital. Pero sus límites físicos, especialmente en eficiencia energética y capacidad de miniaturización, abrieron la puerta a nuevos materiales.

En este contexto, el GaN emerge como una alternativa con ventajas estructurales, permitiendo una mayor velocidad de conmutación, menores pérdidas energéticas, capacidad para operar a temperaturas más elevadas y posibilidad de desarrollar dispositivos más compactos y eficientes.

Estas características lo sitúan como tecnología clave en sectores estratégicos como las telecomunicaciones (5G y futuras redes), la defensa, la automoción eléctrica, la electrónica de consumo, la computación cuántica o la industria aeroespacial. No se trata de una mejora incremental, sino de un cambio de plataforma.

SILICIO VS. GAN

A diferencia de lo ocurrido con el silicio, esta vez la carrera no está completamente decidida. La revolución del nitruro de galio no es solo tecnológica, también es económica.

Según Global Market Insights, el mercado global de dispositivos GaN alcanzó los 22.600 millones de dólares en 2024 y podría superar los 43.000 millones en 2034. Por su parte, Fortune Business Insights apunta que en segmentos, como la radiofrecuencia, claves para telecomunicaciones y defensa, el crecimiento es aún más acelerado. Evolucionará a tasas cercanas al 18% anual y se espera que pase de 2.400 millones en 2026 a más de 9.500 millones en 2034.

La razón es simple: el GaN permite dispositivos más rápidos, más eficientes y capaces de operar en condiciones extremas. Si en el pasado era percibido como una promesa, hoy ese debate ha quedado atrás.

Luz Gil Heras, responsable de Vigilancia e Inteligencia Tecnológica de los Centros de Innovación de Indra Group, lo resume así en su conversación con Business People: “El GaN es una tecnología que, tras años de desarrollo, ha validado su fiabilidad y ya está implantada a nivel industrial, especialmente en aplicaciones de radiofrecuencia como los sistemas de radar”.

Desde el ámbito industrial, el diagnóstico es similar. Francisco Soares, CTO de SPARC Foundry, señala que “el GaN ya no está en fase experimental. En determinados ámbitos ha alcanzado la madurez industrial, aunque aún debe consolidar su escala productiva y su cadena de suministro, especialmente en Europa”.

Francisco Soares, CTO de SPARC Foundry

Indra está desarrollando una nueva generación de chips de nitruro de galio (GaN) que permiten multiplicar por 10 la potencia de sus sistemas de radar y defensa

NUEVA LÓGICA INDUSTRIAL

Estados Unidos lidera los desarrollos más avanzados; Asia domina la escala industrial. Europa, por su parte, mantiene capacidades tecnológicas relevantes, aunque aún debe reducir distancias. En ese contexto, España empieza a posicionarse.

A diferencia del silicio, el GaN no se basa en economías de escala masivas. Y eso cambia las reglas. “Competir en volumen con EE. UU. y Asia es inviable, pero sí lo es competir para preservar la autonomía”, explica Soares, quien subraya su carácter esencial en sectores críticos como defensa, espacio o electrónica de potencia, ayudando así a eliminar las dependencias de terceros países.

El objetivo ya no es dominar el mercado global. Es garantizar la soberanía tecnológica. Desde Indra advierten que “en la actualidad, Europa mantiene una dependencia significativa en tecnologías GaN aplicadas a sectores críticos, lo que limita su autonomía estratégica y la expone a decisiones externas o tensiones en la cadena de suministro”.

Gil agrega que “España tiene una oportunidad estratégica real de reforzar su posición dentro del ecosistema europeo. La existencia de iniciativas como la futura fábrica de semiconductores SPARC en Vigo, impulsada desde Indra Group, permite avanzar hacia una capacidad industrial especializada.

Francisco Soares, CTO de SPARC Foundry

Francisco Soares, CTO de SPARC Foundry

GIGANTE Y SPARC

El proyecto GIGaNTE, liderado por Indra, representa el intento más ambicioso de España para posicionarse en la industria de los semiconductores avanzados. Su objetivo es cubrir toda la cadena de valor del GaN, desde el diseño hasta la fabricación.

“No se trata sólo de desarrollar procesos, sino de integrar diseño, validación y transferencia tecnológica para su aplicación real”, explica Gil.

En paralelo, SPARC Foundry impulsa la futura fábrica en Vigo, clave para trasladar esa capacidad al terreno industrial. “Aportamos una plataforma abierta de fabricación en tecnologías III-V y GaN. No solo participamos en el ecosistema, sino que ayudamos a materializarlo”, señala Soares.

Pero para que España pase de actor emergente a referente europeo, el sector identifica cuatro condiciones: estabilidad en la inversión, colaboración público-privada efectiva, foco en nichos estratégicos y una política industrial sostenida.

A ello se suma una demanda recurrente: mayor agilidad regulatoria. “Necesitamos una ley de industria que permita reducir plazos y acelerar proyectos en sectores estratégicos”, apunta Soares. Un paso que consideran de vida o muerte en el sector. “Si Europa no sostiene capacidades propias en GaN, su competitividad se verá seriamente limitada, especialmente en sectores clave”, advierte Gil.

España se enfrenta a una ventana de oportunidad que no es indefinida. A diferencia de la revolución del silicio, en la que llegó tarde, el desarrollo del nitruro de galio abre un espacio en el que aún es posible posicionarse. Pero hacerlo exige algo más que capacidad tecnológica: requiere visión industrial, continuidad en las políticas y una ejecución eficaz.

En un contexto global marcado por la competencia geoestratégica y la relocalización de cadenas de suministro, el GaN no es solo una innovación tecnológica, sino una palanca de soberanía. La diferencia entre aprovecharla o no marcará el lugar que España ocupará en la próxima generación de la industria electrónica.


REDEFINIR LA AUTONOMÍA EUROPEA

LA RESPONSABLE DE VIGILANCIA E INTELIGENCIA TECNOLÓGICA DE LOS CENTROS DE INNOVACIÓN DE INDRA GROUP, LUZ GIL HERAS, TRAZA EL MAPA DE OPORTUNIDADES Y RIESGOS DEL GAN, UNA TECNOLOGÍA CLAVE PARA EL FUTURO INDUSTRIAL EUROPEO

Francisco Soares, CTO de SPARC Foundry

Luz Gil Heras, responsable de Vigilancia e Inteligencia Tecnológica de los Centros de Innovación de Indra Group

¿Qué papel puede jugar España en este escenario?

España tiene una oportunidad estratégica real de reforzar su papel en el ecosistema europeo del GaN. Iniciativas como la futura fábrica SPARC en Vigo permiten avanzar hacia una capacidad industrial especializada. Con el impulso de estos proyectos, España puede unirse al grupo de países líderes en Europa en esta tecnología. Tras más de veinte años de trabajo en proyectos de I+D relacionados con este material y con el empuje de SPARC, Indra está en la mejor posición para aprovechar las oportunidades que brinda el mercado y liderar el esfuerzo nacional y europeo para asegurarse el control sobre esta tecnología crítica para la defensa y con potencial dual por su aplicación también en el ámbito civil en sectores como transporte o salud.

¿Está España preparada para escalar la producción? ¿Qué barreras aún se deben superar?

Nos encontramos en una posición favorable para avanzar hacia el escalado industrial del GaN, apoyándose en sus capacidades en diseño e integración. El avance hacia ese objetivo pasa por una secuencia clara de actuaciones: el despliegue de capacidad efectiva de fabricación, apoyada en la maquinaria adecuada y en personal con la formación requerida; el desarrollo y la puesta a punto de los procesos de fabricación y de sus modelos de operación; y, finalmente, la aplicación de dichos procesos en diseños y productos que incorporen esta tecnología. Sin embargo, requiere inversión, talento y coordinación europea, además del despliegue de capacidad de fabricación y desarrollo de procesos.

¿Qué retos técnicos plantea el proyecto GIGaNTE?

Uno de los retos más relevantes será precisamente demostrar la aplicabilidad de la tecnología desarrollada, asegurando que los procesos, dispositivos y arquitecturas diseñadas pueden integrarse en sistemas reales y responden a los requisitos de fiabilidad, prestaciones y reproducibilidad que demandan las aplicaciones industriales y estratégicas. Esta conexión entre desarrollo tecnológico y uso práctico es clave para cerrar el ciclo entre I+D y despliegue industrial. Asimismo, el consorcio de GIGaNTE aborda de forma específica el desarrollo de técnicas avanzadas de integración de dispositivos, un aspecto crítico en respuesta a la demanda actual. En paralelo, se trabaja también en el estudio y adopción de herramientas abiertas para el diseño de semiconductores, contribuyendo a reducir barreras de entrada en este ámbito.

¿Qué impacto puede tener una cadena de valor completa en GaN?

Puede tener un impacto muy significativo, posicionando a España en el mapa europeo de semiconductores y reforzando su papel como actor relevante. Permite además conectar el sistema científico e industrial y participar en cadenas de valor de alto valor añadido. El desarrollo coordinado por Indra de capacidades que abarcan desde los procesos tecnológicos hasta el diseño, la caracterización, el test y la transferencia tecnológica facilita la conexión efectiva con la red industrial y científica nacional y europea, favoreciendo la participación de España en proyectos colaborativos, programas estratégicos y cadenas de suministro de alto valor añadido. Este enfoque integral hace que España no sea únicamente usuaria de la tecnología, sino también contribuidora activa al ecosistema europeo del GaN.

¿Qué riesgos existen si no se desarrollan capacidades propias?

La pérdida de estas capacidades limitaría el desarrollo de sistemas y productos suficientemente competitivos, especialmente en sectores estratégicos donde el GaN es una tecnología habilitadora. El reto no reside únicamente en disponer de capacidad industrial en un momento dado, sino en ser capaces de evolucionarla de forma continua, acompañando los avances tecnológicos y las exigencias del mercado global. En el caso de España, en un escenario en el que Europa mantuviera capacidades propias, la falta de capacidad implicaría una pérdida de posicionamiento dentro del ecosistema europeo.

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