Equitación: Deporte de reyes

Alejado del foco mediático, el sector ecuestre se consolida como un actor clave en la economía de nuestro país, combinando competición de alto nivel, innovación y tradición en un deporte donde hombres y mujeres compiten en igualdad absoluta

EquitaciónGettyImages

No podemos hablar de la Marca España sin mencionar el caballo de Pura Raza Española, uno de los iconos más representativos y seña de identidad de nuestra cultura a nivel internacional. Además de proyectar al extranjero una imagen de tradición, excelencia deportiva y vínculo con el territorio, el sector ecuestre también actúa como escaparate económico: competiciones internacionales, yeguadas de prestigio y centros de alto rendimiento que cada vez atraen más inversión, turismo y visibilidad fuera de nuestras fronteras. Sin embargo, hace tiempo que la hípica y la equitación han dejado de ser únicamente símbolos culturales de España. A pesar de no tener el alcance mediático de otros sectores, este mercado ha ido ganando trascendencia paulatinamente hasta convertirse en lo que es hoy en día, toda una industria que mueve cientos de millones de euros cada año. Un motor económico que no deja de expandirse en silencio, generando empleo y muchas oportunidades de inversión.

La industria ecuestre española abarca desde la cría de caballos hasta la organización de competiciones deportivas internacionales, así como el turismo rural, la formación especializada o las terapias asistidas con caballos. Según el II Estudio del Impacto del Sector Ecuestre en España, de la consultora Deloitte & Green Oakun, el conjunto de todas las actividades ecuestres supone en nuestro país un movimiento de más de 7.392 millones de euros anuales y genera alrededor de 150.000 empleos. Unas cifras de lo más considerables, teniendo en cuenta que esto equivale al 0,59% del PIB de España. Es decir, cada euro gastado en el sector contribuye con 1,17 euros al PIB nacional, provocando un efecto superior al de otros sectores ganaderos y deportivos. A nivel mundial, el impacto asciende a 300.000 millones de dólares y más de 1,5 millones de puestos de trabajo.

CON NÚMEROS FIRMES

El crecimiento económico del sector ha sido realmente extraordinario en esta última década. Desde que se elaboró el primer informe completo en 2013, la industria ha crecido alrededor de un 40% en España, lo que representa una tasa media anual superior al 3%. Un crecimiento impulsado por la profesionalización, la diversificación de actividades y la internacionalización de la cría y la competición.

Principalmente, la industria ecuestre se estructura en torno a tres etapas fundamentales del ciclo de vida del caballo: cría, transformación y explotación. Según el citado estudio, el mayor peso económico recae en la fase de explotación, con un volumen de negocio que supera los 5.110 millones de euros. Aquí se engloban las actividades deportivas, el ocio, el turismo y las terapias asistidas. El deporte ecuestre es el área más representativa de esta fase, en la que se incluyen competiciones, licencias, clubes y carreras. Supone un gasto de 2.487 millones, mientras que el ocio le sigue de cerca con un desembolso de 1.808 millones. En este bloque entran actividades como el turismo, espectáculos ecuestres, ferias y fiestas populares en torno al caballo y fincas privadas. Por otro lado, las terapias asistidas con caballos y otras técnicas de equinoterapia equivalen a un gasto de 5,3 millones. Otras actividades como la formación, el sector cárnico o los caballos de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado ascienden a los 134 millones.

Ismael García Roque

Equitación

Lógicamente, el sector presenta grandes diferencias según el territorio. En España hay una media de 1,54 caballos por cada 100 habitantes. Cantabria y Navarra son las comunidades con mayor concentración (4,5%), seguidas de Extremadura (3,9%), Asturias (3,8%), Castilla y León (3,3%) y Andalucía (2,5%). No obstante, la comunidad andaluza lidera con mucha diferencia en número total, con más de 230.000 caballos y concentrando más del 30% del censo equino. Consecuentemente, también ocupa el primer puesto en el ránking de gasto total, con más de 1.500 millones, lo que supone el 27% de la inversión nacional.

Una de las principales razones del crecimiento de la explotación ecuestre en los últimos años ha sido la digitalización de la industria. Este proceso ha traído consigo la conocida como ‘equitación inteligente’, que ha permitido optimizar cuadras e instalaciones, así como los propios entrenamientos y el control veterinario de los caballos. Algunas innovaciones que comienzan a tener cada vez más presencia en el sector son los localizadores por GPS o drones, que permiten realizar un seguimiento exhaustivo a los caballos, o la monitorización de temperatura en las cuadras, que asegura el bienestar de los animales.

A esto también se le suma la implementación de sensores y otras aplicaciones, mediante las cuales se puede realizar un seguimiento completo del caballo, controlando su temperatura corporal, descanso, salud y dieta. Estos avances han beneficiado al desarrollo reciente del sector, facilitando el trabajo a veterinarios, jinetes y propietarios. Este crecimiento sostenido en la última década posiciona al sector ecuestre como una oportunidad muy atractiva de inversión, especialmente para emprendedores que buscan diversificar en el ámbito turístico y deportivo.

Además, la Real Federación Hípica Española (RFHE) explica que esta tendencia alcista ha sido especialmente notable en los años postpandemia, donde ha habido un destacado repunte en la demanda de actividades al aire libre y deportes individuales, características que reúne la equitación.

UNA DISCIPLINA MILENARIA

Para hablar de los orígenes de la equitación, debemos remontarnos a épocas prehistóricas, cuando el ser humano comenzó a domesticar caballos para cazar y desplazarse. Con el paso del tiempo, la conexión entre jinete y caballo se fortaleció hasta convertirse en una relación simbiótica. La equitación se consideraba una habilidad indispensable desde los tiempos del Imperio Romano, ganando todavía una mayor importancia en la Edad Media, donde comenzaron los primeros eventos de justas a caballo y donde los caballeros representaban valores como la valentía y el honor. Sin embargo, la equitación clásica nació y vivió su época dorada en el Renacimiento. Aquí surgieron las primeras escuelas especializadas; instituciones como la Escuela Española de Equitación se encargaron de divulgar la esencia de la doma clásica como deporte. También comenzaron a volverse distintivas de estatus algunas razas de equinos como el Pura Raza Español. Con el inicio de la era moderna se popularizaron los hipódromos. La equitación pasó de ser solamente un arte a también considerarse deporte con todas las letras. Los jinetes empezaron a competir en distintas disciplinas como la doma, el salto y el concurso completo.

Sin embargo, el deporte de la equitación entró en una dimensión a partir del año 1900, cuando fue incluido por primera vez en unos Juegos Olímpicos. El evento sirvió como plataforma de visibilización en todo el mundo y permitió dotar de mayor prestigio a esta práctica deportiva. Su primera participación olímpica incluyó tres pruebas de salto: salto de obstáculos individual, salto alto y salto largo. Repitió en Estocolmo 1912, edición en la que se instauraron las tres disciplinas que se disputan en la actualidad: doma, salto y concurso completo.

Desde ese entonces, ha sido uno de los pocos deportes que ha estado presente de forma ininterrumpida en los Juegos Olímpicos modernos. Además, tiene el honor de ser el único deporte olímpico en el que hombres y mujeres compiten en igualdad absoluta, bajo las mismas reglas y en las mismas pruebas. Por otro lado, también cuenta con la particularidad de que el rendimiento depende de la relación atleta-animal, un binomio poco habitual que exige técnica, compenetración y años de preparación. Más allá del espectáculo deportivo, la participación olímpica tiene un impacto directo en la economía del sector. Atrae inversión privada, refuerza la visibilidad internacional del caballo español y actúa como escaparate para yeguadas, centros de alto rendimiento y otras competiciones nacionales. En la actualidad, España cuenta con una amplia variedad de competiciones hípicas de alto nivel. Las disciplinas principales incluyen salto de obstáculos, doma clásica, completo, raid y doma vaquera, cuyas sedes más destacadas se encuentran en Madrid, Barcelona, Gijón y Santander.

LOS COSTES REALES DE LA HÍPICA

En 2025, se registraron más de 70.000 licencias federativas en España. Este estudio también refleja que el 73% corresponden a mujeres, concentrándose en su mayoría en Madrid y Cataluña. Las licencias han experimentado un crecimiento constante del 2-3% anual en este último lustro, con un ligero repunte debido a la entrada de público joven y femenino. Las estimaciones también apuntan a que en nuestro país hay entre 300.000 y 400.000 practicantes no federados, que montan a caballo de manera ocasional o participan en actividades de ocio y turismo ecuestre. El gasto medio anual por jinete oscila entre 3.500 y 6.500 euros, que varía según la comunidad y objetivos de la práctica. De este modo, la práctica hípica es considerablemente más cara en Madrid, Cataluña, Andalucía y Baleares debido a la mayor afluencia de turismo y costes operativos.

Conocido como el ‘deporte de los reyes’, los elevados costes de mantenimiento e inscripciones de torneos de equitación pueden elevar el gasto hasta una media de 80.000 dólares anuales. La disciplina que más dinero genera son las carreras de caballos, que mueven miles de millones de euros en forma de premios, apuestas, compraventa de caballos y patrocinios. El salto de obstáculos se considera como el mejor pagado dentro de los deportes ecuestres, jinetes de élite pueden ganar millones en premios, con caballos generando cantidades que pueden alcanzar las siete cifras.


A LOMOS DE LA ÉLITE OLÍMPICA

Ismael García Roque, quien forma parte de la brillante generación de jinetes que ha impulsado a España a un nuevo nivel en la escena internacional del salto, desvela los ‘secretos’ de los establos.

Ismael García Roque

Ismael García Roque

Desde tu experiencia, ¿cómo describiría el momento que vive actualmente el deporte de la equitación en España?

Vive uno de los mejores momentos de su historia. En los últimos años hemos crecido muchísimo, tanto en número de jinetes como en la calidad y cantidad de competiciones. Cada temporada se organizan más competiciones, pero especialmente ha aumentado la oferta de eventos de alto nivel, tanto en España como a nivel internacional. Nuestro país acoge algunos de los mejores tours de Europa, contamos con dos sedes de la Copa del Mundo de salto y una del que es considerado como el mejor circuito del mundo. Todo esto era impensable hace 20 años. Desde otoño hasta primavera, estos tours reúnen cada año a miles de caballos y jinetes de todos los continentes, y eso ha sido clave para profesionalizar el sector. También ha elevado mucho el nivel a la hora de formar caballos y jinetes para la alta competición, y ha impulsado el crecimiento del comercio y la venta de caballos de deporte.

Al menos en salto, España nunca ha sido un país con una cultura ecuestre al nivel de Alemania, Francia o Países Bajos. Ellos llevan décadas con una industria muy consolidada en la cría de caballos de competición, y son auténticas potencias. Lógicamente, eso facilita que surjan tantos jinetes como caballos de altísimo nivel. Todavía estamos bastante por detrás en comparación con esos países, lo que conlleva que sea más difícil acceder a caballos para la élite. En cambio, creo firmemente que España sí está muy bien posicionada en infraestructura. Tenemos competiciones de primer nivel, instalaciones de excelente calidad y un calendario que poco tiene que envidiar al de otros países punteros. Se ha avanzado muchísimo, y el gran reto sigue siendo el apoyo económico. Llegar al máximo nivel requiere una inversión muy grande, y aquí todavía pesa esa idea de que la hípica es un deporte elitista. Falta visibilidad, falta apoyo de marcas y falta que se vea como un deporte más, como ocurre en otros países. Es toda una pena, porque hay talento y nivel.

¿Considera que es la principal barrera?

Totalmente. Tenemos jinetes con muchísimo talento y capacidad. Pero la realidad es que, sin recursos suficientes, es muy difícil dar ese salto definitivo. A veces da la sensación de que nuestro deporte se mira con cierta distancia. Talento y ganas hay, pero mientras no exista un mayor apoyo económico y más confianza, va a ser complicado que España pueda llegar al nivel que realmente podría alcanzar.

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