España no recibe importaciones de crudo de Venezuela desde marzo de 2025, una situación que se consolidó tras la revocación de permisos por parte de Estados Unidos a varias empresas petroleras internacionales. La medida afectó directamente a compañías como Repsol, que hasta entonces operaban bajo exenciones especiales para exportar petróleo desde el país sudamericano.
Fuentes del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico señalaron que esta interrupción no supone un riesgo para el abastecimiento nacional, ya que España cuenta con un suministro altamente diversificado. “El mercado español del crudo está preparado para absorber este tipo de cambios sin impacto significativo”, indicaron desde el departamento que dirige Sara Aagesen.
La decisión estadounidense, adoptada a finales de marzo por la Administración de Donald Trump, estableció un plazo que culminó el 27 de mayo, fecha límite para el cierre de operaciones de las petroleras extranjeras en Venezuela. Además de Repsol, también se vieron afectadas empresas como la francesa Maurel et Prom y la italiana Eni.
Importaciones residuales
No obstante, el impacto real ya era limitado incluso antes de la revocación. En los tres meses previos, las importaciones españolas de crudo venezolano fueron residuales, con volúmenes muy reducidos en comparación con el total nacional. En ese mismo periodo, España importó más de cinco millones de toneladas mensuales de crudo procedentes de otros mercados internacionales.
Desde el Ejecutivo subrayan que entre 2018 y 2025, el petróleo venezolano apenas representó alrededor del 2% del total importado. En contraste, España llegó a recibir crudo de hasta 21 países diferentes en 2024, lo que refuerza su posición frente a posibles tensiones geopolíticas.
En el plano internacional, la producción petrolera de Venezuela continúa en descenso. Según estimaciones de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), el crudo venezolano representa actualmente aproximadamente el 1% de la oferta global, reflejando una pérdida de peso estructural en el mercado energético mundial.
Con este escenario, España consolida su estrategia de seguridad energética, basada en la diversificación de proveedores y en la reducción de dependencias de países con alta inestabilidad política y económica.

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