En Estados Unidos, una startup tecnológica accede a un mercado único: una sola moneda, un solo supervisor, una cultura del riesgo compartida. Los fondos de pensiones dedican un 11% de sus carteras a capital riesgo. En Europa, esa misma firma enfrenta 27 sistemas financieros distintos, 27 supervisores nacionales, 27 marcos fiscales. Los fondos de pensiones europeos apenas invierten el 4%. Resultado: Cuando necesita levantar una ronda seria, busca el dinero en Nueva York.
El FMI ha estimado que las barreras internas del mercado financiero europeo equivalen a un arancel del 44% para bienes y del 110% para servicios. Esta es la brecha que Mario Draghi puso negro sobre blanco en septiembre de 2024. Su informe para la Comisión Europea cifró en 750.000 a 800.000 millones de euros anuales la inversión adicional que Europa necesita para no quedarse atrás frente a Estados Unidos y China. Un año después, el Banco Central Europeo ha revisado esa cifra al alza: casi 1,2 billones anuales hasta 2031. Pero más allá del titular, Draghi formuló un diagnóstico que ha recibido menos atención: la verdadera brecha europea no es solo tecnológica; es, sobre todo, financiera.

Jonás Fernández, miembro socialista de la comisión de Asuntos Financieros del Parlamento Europeo
La solución, según Draghi, pasa por crear de una vez un verdadero mercado único de capitales: consolidación bancaria transfronteriza, un fondo de garantía de depósitos europeo, supervisión unificada, eliminación de barreras fiscales, desarrollo del capital riesgo. En 2015, el entonces presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, ya acuñó el término Capital Markets Union y lo presentó como un proyecto transformador. Diez años, tres planes de acción y dos crisis después, el mercado único de capitales sigue siendo una promesa. La Comisión Von der Leyen lo ha rebautizado como Savings and Investments Union —Unión del Ahorro y las Inversiones—, pero el cambio de nombre no ha venido acompañado de un cambio de resultados.
A pesar de que la solución lleva décadas sobre la mesa (consolidación bancaria transfronteriza, fondo de garantía de depósitos, supervisión unificada, desarrollo del capital riesgo), aún se sigue sin resultados. Europa no tiene un banco que compita con Bank of America; sus tres mayores juntos tienen menos activos que JPMorgan. El 15,3% de las IPOs europeas en 2024 fueron en bolsas extranjeras, frente al 7% en 2022. Capitalización bursátil: 73% del PIB europeo; 220% en EE. UU.
¿Qué significaría en la práctica un mercado único de capitales? Cinco cosas: que una startup barcelonesa que necesita 50 millones de euros pueda acceder al capital de fondos de pensiones holandeses, alemanes o suecos con la misma facilidad que a inversores catalanes. Que un ahorrador portugués pueda invertir en fondos de inversión franceses sin barreras fiscales ni regulatorias. Que BBVA y Deutsche Bank puedan fusionarse si quisieran, creando un campeón bancario europeo capaz de competir con JPMorgan. Que exista un supervisor único europeo que garantice las mismas reglas para todos, desde Madrid hasta Varsovia. Y que los inversores puedan comprar y vender valores en cualquier bolsa europea con la misma facilidad y liquidez. Europa tiene un mercado único de bienes y servicios, una moneda común para veinte países y libre circulación de personas y mercancías. Pero no tiene un mercado único de capitales. El dinero, paradójicamente, es lo que peor circula.

Karel Lannoo, director general del Centre for European Policy Studies (CEPS)
LA PESCADILLA QUE SE MUERDE LA COLA
El problema no es la falta de dinero. “En España, hay mucha disponibilidad de dinero público”, explica a Business People Javier Ulecia, socio fundador de Bullnet Capital, uno de los fondos de capital riesgo españoles más veteranos, especializado en ‘high’ tech. “Pero muchas veces se queda en los cajones porque no hay dinero privado que lo acompañe”, matiza. Ulecia desmitifica la narrativa del éxodo: “Nunca en 25 años hemos tenido que llevar una compañía fuera de España”. El problema no es que las empresas se vayan, sino que no pueden crecer. “Necesitamos empresas más grandes, mayores éxitos. Es una pescadilla que se muerde la cola”, cuenta a la revista Paloma Castellano, directora para España de Wayra, el venture capital de Telefónica.
Bruselas presentó en diciembre un paquete legislativo de integración de mercados que refuerza los poderes de la Autoridad Europea de Valores y Mercados (ESMA), el regulador europeo de mercados financieros. Pero el paquete deja fuera el núcleo duro: no aborda la consolidación bancaria transfronteriza ni desbloquea el fondo de garantía de depósitos (EDIS), bloqueado desde hace una década.

Paloma Castellano, directora para España de Wayra, el venture capital de Telefónica
“La agenda está ahora centrada en la simplificación, que sólo genera mejoras de competitividad marginales”, advierte a Business People Jonás Fernández, miembro socialista de la comisión de Asuntos Financieros del Parlamento Europeo. Además, cada país interpreta las directivas a su manera —el llamado gold-plating—, creando 27 versiones de lo que debería ser la misma regulación.
Nicolas Véron, cofundador del think tank Bruegel y considerado uno de los arquitectos intelectuales de la Unión Bancaria Europea, insiste a Business People: “La integración supervisora es el paso número uno”. Para Karel Lannoo, director general del Centre for European Policy Studies (CEPS), uno de los think tanks más influyentes de Bruselas, el problema es otro: “Si se aplicaran correctamente las reglas, no necesitaríamos más enmiendas. Los supervisores nacionales y entidades mantienen los mercados segregados”, porque uno integrado aumentaría la competencia y las comisiones tenderían a la baja.
Lo que hace falta, insiste Lannoo, es enforcement: “Enforcement muy estricto por parte de la Comisión. Y si no funciona, ir a los tribunales. Y lo mismo para los operadores: que sean mucho más estrictos y vayan a los tribunales si no tienen acceso al mercado”.
“Todo el mundo está de acuerdo con el ‘qué’, pero no con el ‘cómo’”, resume Philipp Lausberg, investigador del European Policy Centre especializado en política financiera. Cada país defiende sus líneas rojas, cada gobierno protege a sus campeones nacionales, cada supervisor nacional resiste ceder competencias a Bruselas. Europa puede sobrevivir dividida. Pero quien pone el dinero, pone las condiciones.
Europa puede hacerlo mejor que EE.UU.
Para los jefes de Estado todo suena urgente. Pero los ministerios siguen negociando posiciones defensivas. Veremos cuál prevalece.

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