Esta es el plan de Bruselas para aliviar la crisis habitacional

La Comisión Europea quiere acelerar la construcción de viviendas en la Unión para frenar la crisis de acceso a la vivienda asequible, uno de los problemas sociales más graves del continente. El Ejecutivo comunitario presentará esta semana una nueva estrategia de vivienda que, según adelanta El País, recomienda a los Estados miembros reducir la burocracia, acortar los plazos de concesión de licencias y rebajar los costes de producción con el objetivo de poner en el mercado hasta 650.000 viviendas adicionales al año.

Según los cálculos de Bruselas, Europa construye actualmente alrededor de 1,6 millones de viviendas anuales, una cifra insuficiente para atender la demanda derivada del crecimiento demográfico, la movilidad laboral y el encarecimiento de los precios. Para cerrar esa brecha entre oferta y demanda, la Comisión defiende que es necesario construir más, más rápido y de forma más eficiente, sin renunciar a criterios de sostenibilidad.

Menos licencias, más pisos

Uno de los ejes centrales del plan es la simplificación administrativa. La Comisión alerta de que en algunos países europeos los permisos de obra pueden tardar hasta siete años, un cuello de botella que encarece los proyectos y frena la inversión. Por ello, Bruselas anima a los gobiernos a agilizar los trámites urbanísticos y medioambientales, apoyándose en una mayor digitalización y en normas más homogéneas en toda la UE.

“El principal reto es la reducción de costes en toda la cadena de la construcción”, señala el borrador de la estrategia, que aboga por recortar la carga burocrática tanto para la vivienda privada como para la vivienda social y asequible. La Comisión considera que acelerar las licencias puede tener un impacto inmediato en la entrega de nuevas promociones.

Competencias limitadas, presión política creciente

Pese a la ambición del mensaje, Bruselas reconoce que su margen de actuación es limitado, ya que la política de vivienda depende en gran medida de los Estados miembros e incluso de regiones y municipios. Aun así, la presidenta Ursula von der Leyen ha elevado el asunto a prioridad política, impulsada por países como España y por el presidente del Consejo Europeo, António Costa.

Como gesto simbólico y operativo, la Comisión ha nombrado por primera vez a un comisario específico de Vivienda, el danés Dan Jørgensen, que también gestiona la cartera de Energía. El nuevo “paquete de vivienda asequible” se suma a otras iniciativas europeas, como la regulación de los alquileres turísticos y posibles cambios en las ayudas de Estado para fomentar la vivienda protegida.

Precios disparados y desigualdades crecientes

El diagnóstico comunitario es claro: desde 2013, los precios de la vivienda han aumentado más de un 60% de media en la UE, muy por encima de los ingresos. En países como España, el alza supera el 70%, lo que ha convertido el acceso a la vivienda en un factor de exclusión social y un freno a la movilidad laboral.

Bruselas identifica múltiples causas: aumento de los costes de construcción, falta de suelo, baja productividad del sector y cambios en la demanda. En un tercio de las regiones europeas, la edificación no ha sido capaz de seguir el ritmo del crecimiento poblacional.

Apuesta por la vivienda prefabricada

La estrategia también pone el foco en la construcción modular y prefabricada como vía para ganar rapidez y eficiencia. La Comisión subraya que este modelo permite reducir errores, acortar plazos y abaratar costes, lo que lo convierte en una opción especialmente atractiva para la vivienda social.

Sin embargo, Bruselas admite que su desarrollo está limitado por la alta inversión inicial, la incertidumbre sobre la demanda y la escasa cobertura de seguros. Para desbloquear su potencial —con un crecimiento estimado del 4,5% anual en el segmento residencial—, la Comisión insta a eliminar barreras regulatorias y financieras.

Con este plan, Bruselas lanza un mensaje claro a las capitales europeas: menos trámites y más viviendas. Aunque la última palabra sigue en manos de los Estados, la presión política aumenta para que la construcción vuelva a ser una palanca clave contra la crisis habitacional en Europa.

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