La AIE activa su mayor liberación de petróleo para frenar la crisis

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La Agencia Internacional de la Energía (AIE) ha decidido liberar 400 millones de barriles de sus reservas estratégicas, la mayor acción coordinada de este tipo en la historia del organismo, para evitar que la interrupción en el suministro se traduzca en un colapso económico mundial.

El cierre del estrecho de Ormuz, una vía clave para el comercio de crudo, ha reducido en un 20% el flujo diario de petróleo.

Esta pérdida ha disparado los precios y generado alarma entre los países consumidores, que buscan proteger a sus economías de una escalada de costes energéticos.

El director ejecutivo de la AIE, Fatih Birol, destacó que se trata de “una acción colectiva de emergencia ante desafíos sin precedentes en el mercado petrolero”.

España y Japón ya han confirmado su participación. Madrid aportará petróleo equivalente a 12 días de consumo, mientras que Japón liberará hasta 80 millones de barriles entre reservas estatales y privadas.

Alemania también se ha sumado con 19,5 millones de barriles, y Estados Unidos mantiene sus reservas listas, aunque sin detallar cifras. La medida busca mantener el suministro durante al menos dos meses y frenar la volatilidad del mercado.

La decisión de la AIE

Aunque la liberación de reservas puede mitigar el impacto inmediato, la AIE subraya que la solución definitiva pasa por reabrir con seguridad el estrecho de Ormuz.

Desde 1974, solo cinco veces se había recurrido a liberaciones coordinadas, incluyendo la Guerra del Golfo y la crisis ucraniana de 2022.

El repunte de los precios ya se ha hecho notar: el barril Brent ha llegado a casi 100 dólares, y los combustibles derivados siguen encareciéndose, afectando a transporte, industria y aviación.

Las refinerías han visto interrumpidas sus operaciones, aumentando la presión sobre los mercados y la inflación global.

Con un total de 1.200 millones de barriles en reservas públicas de emergencia, los países miembros de la AIE intentan estabilizar temporalmente los precios y ganar tiempo para reorganizar las rutas comerciales.

La estrategia refleja cómo la coordinación internacional puede actuar como un amortiguador frente a shocks energéticos, aunque sin reemplazar la necesidad de restablecer flujos normales de suministro a largo plazo.

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