La Agencia Internacional de la Energía (AIE) ha advertido de que el continente podría disponer de “quizá unas seis semanas” de reservas de combustible de aviación si persisten las disrupciones vinculadas a la guerra con Irán y al bloqueo en el estrecho de Ormuz.
La advertencia, realizada por el director ejecutivo del organismo, Fatih Birol, en una entrevista con Associated Press, añade presión a un mercado ya tensionado por la escalada de los precios del petróleo y la incertidumbre sobre el flujo energético global.
El estrecho de Ormuz se mantiene como un punto crítico para el comercio internacional de crudo y gas.
Birol ha señalado que la situación en la zona constituye la mayor crisis energética afrontada hasta ahora, alertando de que una prolongación del bloqueo podría derivar en cancelaciones de vuelos en Europa por escasez de queroseno.
El impacto, según el responsable de la AIE, no se limitaría al transporte aéreo, sino que alcanzaría de forma más amplia a los precios de la energía y a la inflación.
El encarecimiento del petróleo ya refleja esta tensión. El Brent se situaba este jueves en torno a los 95,7 dólares por barril, en un contexto de dudas sobre la capacidad de negociación entre Estados Unidos e Irán para estabilizar la región.
La incertidumbre sobre el suministro añade presión a unas economías altamente dependientes de estos flujos.
En este escenario, la AIE insiste en que la reapertura total del estrecho de Ormuz es la variable clave para aliviar los mercados.
Las advertencias de la AIE
El organismo recuerda además que ya se activaron liberaciones de reservas estratégicas en marzo para amortiguar el impacto inicial de la crisis.
El análisis de la agencia también apunta a un impacto desigual entre regiones. Birol advirtió de que los países más expuestos serán economías en desarrollo de Asia, África y América Latina, antes de que el deterioro se extienda con mayor intensidad a Europa y Estados Unidos.
El responsable de la AIE criticó además el sistema de peajes aplicado en el estrecho, al considerar que podría sentar un precedente en otras rutas estratégicas.
Su posición es clara: el crudo debe fluir sin condiciones entre origen y destino, para evitar una escalada aún mayor de la crisis energética global.

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