La Agencia Internacional de la Energía (AIE) ha constatado en su último informe mensual un desequilibrio sin precedentes en el mercado global del crudo, tras un abril marcado por la continuidad del conflicto en Irán y el bloqueo del estrecho de Ormuz.
El impacto acumulado en marzo y abril se traduce en una pérdida de suministro superior a los mil millones de barriles procedentes de los productores del Golfo, lo que equivale a cerca de 14 millones de barriles diarios retenidos.
El informe describe un escenario de tensión extrema en el sistema energético internacional, en el que las cadenas de suministro han quedado severamente alteradas.
La respuesta del mercado ha pasado por una combinación de mayor producción en otros países exportadores y una caída de la demanda global, presionada por los altos precios del crudo y sus derivados.
“Dado que las reservas mundiales de petróleo ya se están reduciendo a un ritmo récord, parece probable que se produzca una mayor volatilidad de los precios antes del pico de demanda del verano”, señala la AIE.
El organismo subraya que, pese a los ajustes registrados en abril, el déficit de suministro persistirá al menos hasta el último trimestre del año.
Lo que dibuja la AIE
El escenario central contempla una reactivación gradual de los flujos a partir del tercer trimestre, aunque condicionado a la evolución del conflicto y a la reapertura de rutas clave.
Mientras tanto, el mercado se adapta a un choque prolongado que ya supera los dos meses y que ha reconfigurado los equilibrios globales del petróleo.
La producción adicional fuera del Golfo ha servido como amortiguador parcial, pero insuficiente para compensar la magnitud del recorte en la oferta.
En paralelo, la propia dinámica de precios está actuando como mecanismo de ajuste. El encarecimiento del crudo está erosionando el consumo en múltiples economías, lo que contribuye a moderar parcialmente el desequilibrio entre oferta y demanda.
Aun así, la AIE advierte de que el sistema sigue operando bajo una elevada tensión estructural.
Con las reservas en descenso acelerado y la incertidumbre geopolítica aún sin resolver, el organismo anticipa un periodo de mayor inestabilidad en los precios del petróleo en los próximos meses, especialmente de cara al incremento estacional de la demanda en verano.

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