La crisis en el estrecho de Ormuz entra en una nueva fase de tensión entre Estados Unidos e Irán, con Washington endureciendo el control sobre esta vía estratégica para el comercio energético mundial. En la última semana, las fuerzas estadounidenses han impedido el paso de 55 buques mercantes, frente a los 35 de la semana anterior.
Según el Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM), además de desviar esas embarcaciones, las fuerzas estadounidenses inmovilizaron dos buques y abordaron otros dos, elevando la presión sobre una ruta clave para el transporte internacional de petróleo y gas.
El aumento de las interceptaciones evidencia la distancia entre Washington y Teherán. El ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi, aseguró que «no hay posibilidad de reanudar las negociaciones» mientras Estados Unidos incumpla el memorándum de entendimiento firmado en junio.
¿Qué implicaciones tiene el control de Ormuz?
Irán mantiene conversaciones con Omán para establecer una ruta segura de navegación. Sin embargo, Araghchi precisó que «Las conversaciones con Omán no implican la reapertura del estrecho de Ormuz», ya que Teherán exige previamente el cumplimiento de varias condiciones.
Entre ellas figuran el levantamiento del bloqueo naval y de las sanciones estadounidenses, la retirada de tropas de la región, reparaciones de guerra y la liberación de activos iraníes congelados.
Mientras tanto, Donald Trump ha optado por mantener la presión económica sobre Irán y descartar, por ahora, una nueva ofensiva militar. El presidente estadounidense ha señalado la inflación y la falta de fondos del país como elementos de presión.
El conflicto mantiene bajo tensión al mercado energético mundial, mientras el bloqueo de Ormuz amenaza con prolongar la incertidumbre sobre el suministro de petróleo y gas.