Estados Unidos ha decidido intervenir para impulsar una moneda extranjera con el objetivo de frenar el desplome del yen japonés, una medida coordinada con Japón que no se producía desde la crisis financiera asiática de 1998 y que busca contener la fuerte depreciación de la divisa nipona tras tocar mínimos de casi cuatro décadas.
La actuación consistió en compras conjuntas de yenes para reforzar su cotización frente al dólar, después de que la moneda japonesa llegara a rozar los 164 yenes por dólar a finales de julio.
Desde la intervención del viernes, el yen ha recuperado más de un 4% de su valor y llegó a situarse por debajo de los 156 yenes por dólar en las primeras operaciones del lunes, según datos de LSEG citados por Reuters.
Bloomberg añade que analistas consideran que el Tesoro estadounidense habría utilizado euros, en lugar de dólares, para financiar parte de las compras de yenes, evitando así presionar a la baja a la divisa estadounidense y preservar su política de dólar fuerte.
¿Qué movimientos se ejecutaron para fortalecer el yen?
La Reserva Federal de Nueva York solicitó además a varios bancos estadounidenses que verificaran el tipo de cambio entre el yen y el euro, según fuentes consultadas por la agencia.
«Probablemente, EEUU no quería que se le viera vendiendo el dólar estadounidense», afirmó David Forrester, estratega sénior de Crédit Agricole CIB en Singapur.
Añadió que «mantienen una política de dólar fuerte y no querrían que se les viera intentando debilitar su moneda para obtener una ventaja competitiva».
La ministra japonesa de Finanzas, Satsuki Katayama, confirmó que la operación fue coordinada con el Departamento del Tesoro de Estados Unidos y aseguró que ambos gobiernos mantienen una estrecha cooperación para intervenir nuevamente si fuera necesario.
El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, defendió que el yen estaba claramente infravalorado y no descartó nuevas actuaciones conjuntas si regresan episodios de volatilidad que amenacen la estabilidad financiera. Analistas también consideran que un yen más fuerte podría favorecer a otras monedas asiáticas, como el won surcoreano, el dólar de Singapur o el baht tailandés.