Emiratos Árabes Unidos ha anunciado su salida de la OPEP a partir del próximo mes, una decisión que marca un giro relevante en el equilibrio del mercado petrolero global.
La decisión también añade presión sobre el papel del cártel en un contexto ya tensionado por la geopolítica y la competencia de nuevos productores.
El gobierno emiratí llevaba tiempo cuestionando las cuotas de producción asignadas dentro del grupo, al considerar que limitaban de forma injusta su capacidad de exportación, asegura un reportaje de The New York Times.
La decisión se enmarca en una estrategia de largo plazo orientada a reforzar su autonomía energética y acelerar la inversión en producción, según la comunicación oficial difundida por la agencia estatal WAM.
En ese mismo mensaje, el Ejecutivo justificó el movimiento en su “visión estratégica y económica a largo plazo” y en su intención de adaptarse a un escenario de demanda energética en evolución.
También apuntó a un contexto internacional marcado por la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán, que ha tensionado los precios del petróleo y el gas.
Las razones para salir de la OPEP
El ministro de Energía, Suhail al-Mazrouei, defendió la decisión como un ajuste alineado con el mercado.
“La decisión de EAU de salir de la OPEP refleja una evolución impulsada por la política y alineada con los fundamentos del mercado a largo plazo”, afirmó.
El impacto en los mercados fue inmediato. El crudo Brent retrocedió tras el anuncio, aunque se mantenía en niveles elevados, con un alza acumulada superior al 40% desde el inicio del conflicto en Oriente Medio.
Emiratos producía alrededor de 3,6 millones de barriles diarios, cerca del 12% de la producción de la OPEP, lo que convierte su salida en un factor relevante para la oferta global.
El gobierno aseguró que seguirá aportando barriles al mercado de forma gradual y adaptada a la demanda, mientras el cártel afronta un nuevo desafío en su cohesión interna.
La decisión llega además en un momento de distanciamiento creciente con Arabia Saudita, líder de facto de la organización, y refleja la divergencia estratégica entre ambos países del Golfo.

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