La escalada de tensiones en Irán vuelve a poner en alerta a las economías dependientes de la energía importada.
Para Europa, el riesgo es especialmente elevado si el conflicto en Irán se prolonga y termina afectando de forma directa al tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz, uno de los puntos neurálgicos del comercio energético mundial.
El estratega jefe de mercados de Lazard, Ronald Temple, advierte de que Europa podría afrontar mayores dificultades económicas si el suministro energético se ve interrumpido en esa zona estratégica, por donde circula aproximadamente el 20% del petróleo y del gas natural licuado que se comercializa en el planeta.
El analista subraya que la vulnerabilidad europea es mayor que la de otras economías debido a su estructura energética.
“Europa podría enfrentarse a retos mayores debido a su dependencia de la energía importada y a la falta de una reserva energética centralizada”, señala Temple.
Un escenario de bloqueo en la zona podría prolongarse incluso después de que terminen las hostilidades. Según el experto, las labores de desminado del estrecho de Ormuz podrían tardar entre dos y tres meses, lo que extendería las tensiones sobre el suministro global.
Lo que ya deja la guerra contra Irán
El impacto ya empieza a reflejarse en los mercados. El barril de Brent crude oil, referencia para Europa, llegó a situarse en 104,32 dólares tras subir alrededor de un 15% antes de la apertura de las bolsas europeas.
Para Temple, una interrupción energética prolongada podría empujar aún más al alza los precios globales de la energía, intensificando las presiones inflacionistas y debilitando el crecimiento económico mundial.
En el caso de la zona euro, la inflación se situó en febrero en el 1,9%, muy cerca del objetivo del 2% fijado por el European Central Bank.
Aun así, el estratega considera que la inflación subyacente sigue bajo control, por lo que no espera nuevas subidas de tipos en el corto plazo.
De hecho, Temple discrepa con las expectativas de los mercados financieros. Mientras los inversores anticipan un aumento de tipos en septiembre, el experto cree que el BCE mantendrá su política monetaria sin cambios hasta 2026.
Más allá de Europa, el informe también apunta a que Japón y China podrían verse afectados por el encarecimiento energético, aunque en menor medida.
Ambos países cuentan con importantes reservas estratégicas que mitigarían el riesgo de escasez inmediata.
En paralelo, el escenario global se complica con señales de debilidad en Estados Unidos. Un reciente informe laboral mostró una caída de 92.000 empleos no agrícolas, muy por debajo de las expectativas del mercado.
Según Temple, las empresas estadounidenses podrían verse presionadas por el aumento de los costes energéticos y la reducción de márgenes, lo que podría traducirse en recortes de gastos y menor contratación en los próximos meses.

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