¡SoberanIA!

Europa quiere dejar de depender de Silicon Valley y China, pero su gran oportunidad quizá no esté en crear el próximo ChatGPT, sino en liderar la IA industrial, la regulación y las infraestructuras críticas del futuro

Dos mapas tecnológicos de la UE y de Estados Unidos, unidas por cablesSoberanía tecnológica europea

La inteligencia artificial se ha convertido en el nuevo terreno de disputa económica y geopolítica global. Estados Unidos domina los grandes modelos fundacionales y China acelera con inversiones multimillonarias y una estrategia estatal agresiva. Frente a ambos bloques, Europa intenta abrir una tercera vía, la de construir una IA propia que garantice autonomía estratégica sin romper con el ecosistema tecnológico global.

La Unión Europea ha asumido que depender completamente de infraestructuras, plataformas y modelos desarrollados fuera de sus fronteras supone un riesgo económico, industrial y político. Por eso Bruselas impulsa desde hace años iniciativas ligadas a soberanía digital, interoperabilidad, nube europea y control del dato. España se ha sumado ahora a esa estrategia con un nuevo paquete de ayudas dotado con 100 millones de euros para impulsar proyectos de soberanía digital europea desarrollados junto a compañías de otros países de la UE.

Sin embargo, el debate de fondo sigue abierto: ¿puede Europa competir realmente en inteligencia artificial frente a gigantes como OpenAI, Google, Microsoft o Meta? ¿O debe asumir que nunca jugará la misma partida y buscar una ventaja distinta?

Para Román Orús, cofundador y director científico de Multiverse Computing, Europa cometería un error si intentara replicar el modelo estadounidense basado en tamaño y consumo masivo de computación. “Europa no va a ganar la carrera del ‘más grande es mejor’”, afirma. “Donde sí puede competir, y de hecho liderar, es en eficiencia. La clave está en hacer modelos más ligeros, más comprimidos y optimizados para casos de uso concretos”.

Esa idea aparece de forma recurrente entre expertos, investigadores y compañías tecnológicas, que coinciden en admitir que la oportunidad europea no estaría tanto en construir el mayor modelo fundacional del mundo como en desarrollar aplicaciones industriales, infraestructuras seguras, sistemas interoperables y modelos eficientes capaces de funcionar con menos recursos y mayor control sobre los datos.

Dos mapas tecnológicos de la UE y de Estados Unidos, unidas por cables

Román Orús, cofundador y director científico de Multiverse Computing

“Lo realista es aspirar a tener una razonable independencia dentro de la inevitable interdependencia tecnológica”, sostiene Senén Barro Ameneiro, director del Ci- TIUS (Centro Singular de Investigación en Tecnoloxías Intelixentes) de la Universidad de Santiago de Compostela. En su opinión, hablar de soberanía no implica una autarquía digital imposible, sino garantizar capacidad de decisión sobre tecnologías estratégicas.

Desde el proyecto Gaia-X, su director de Estrategia, Alberto Palomo, defiende una visión similar. “Alcanzar la soberanía digital completa es una utopía”, asegura. A su juicio, Europa no busca expulsar a proveedores globales como AWS o Microsoft, sino evitar dependencias críticas y reforzar la transparencia sobre el uso de los datos y las infraestructuras.

Incluso las grandes tecnológicas estadounidenses intentan alinearse con esa visión europea. Alberto Pinedo, National Technology Officer de Microsoft en España, insiste en que “los clientes europeos no tienen por qué elegir entre innovación y soberanía”. En su opinión, la autonomía tecnológica “no implica aislamiento, sino la capacidad de disponer, desplegar, mantener y operar tecnologías con pleno control sobre los datos, las operaciones y las decisiones tecnológicas”.

LA SOBERANÍA NO SIGNIFICA AISLAMIENTO

La idea de independencia tecnológica total genera escepticismo entre prácticamente todos los expertos consultados. Para Barro, pensar en una autarquía digital “no es real ni siquiera positivo”. Y añade: “En IA, la independencia total ni es realista ni sería eficiente, ya que chips, nube, modelos, datos, talento y capital forman cadenas globales”.

Palomo comparte ese análisis y recuerda que Bruselas habla cada vez más de “autonomía estratégica abierta”, es decir, reducir vulnerabilidades críticas sin romper la cooperación internacional. Según explica, el objetivo europeo es desarrollar un modelo tecnológico alineado con sus valores culturales y regulatorios, reforzando la capacidad de elección de empresas y ciudadanos. “Lo que Europa realmente busca es desarrollar una nueva forma de usar estas tecnologías de acuerdo a sus valores culturales”, sostiene. Eso implica saber “a dónde van los datos, quién y para qué hace uso de los mismos y evitar situaciones donde un proveedor pueda cambiar condiciones de manera unilateral”.

Pinedo coincide en que la soberanía digital debe traducirse en mayores niveles de control, resiliencia y gobernanza. “Nuestro enfoque consiste en ofrecer a los clientes europeos distintos niveles de control adaptados a sus necesidades regulatorias, operativas y de seguridad”, explica.

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Alberto Pinedo, National Technology Officer de Microsoft en España

EL VERDADERO RETO EUROPEO: COORDINACIÓN

Si hay un punto donde coinciden todos los expertos, es en que Europa no tiene un problema de talento, sino de escala y coordinación. “Talento hay, y mucho. Capital también existe”, asegura Orús. “Pero lo que falta es esa capacidad de alinear recursos, industria y visión estratégica a gran escala. Europa tiende a fragmentarse: muchos esfuerzos buenos, pero dispersos”.

Palomo cree que ahí reside precisamente la gran diferencia respecto a Estados Unidos y China. “El verdadero reto de este paradigma europeo no es tecnológico, sino de orquestación y gobierno”, afirma. Por eso defiende un modelo europeo basado en interoperabilidad y colaboración federada. “El modelo europeo no es el de una sola gran corporación que aglutine los recursos, sino un modelo federado donde se aspira a interconectar piezas tecnológicas”, explica. Un “modelo de enjambre”, en sus palabras, sustentado sobre estándares abiertos y pluralidad de proveedores.

Desde Microsoft, también defienden que Europa necesitará apoyarse en infraestructuras globales para competir en IA. “El desarrollo y despliegue de la IA dependen en gran medida de disponer de infraestructuras cloud avanzadas”, señala Pinedo.

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Alberto Palomo, director de Estrategia del proyecto Gaia-X

LA OPORTUNIDAD ESTÁ EN LA INDUSTRIA

Si Europa no lidera los grandes modelos fundacionales, ¿dónde puede marcar diferencias? La respuesta aparece de forma recurrente: en la industria y los datos operativos. “Europa debería especializarse en capas de alto valor, como optimización, compresión, seguridad, privacidad y aplicaciones industriales”, sostiene Orús. “Intentar replicar lo que hacen OpenAI o Google no es la mejor estrategia”.

Palomo cree que Europa conserva una posición privilegiada en sectores como salud, movilidad, energía o agricultura gracias al enorme volumen de datos industriales generado por sensores y dispositivos conectados. “Estamos hablando de sensores en tiempo real, en entornos industriales, médicos, de vehículos autónomos o de redes inteligentes de agua y electricidad”, explica. Barro coincide en que ahí reside una de las grandes fortalezas europeas. “Europa tiene muchos sectores donde es puntera, como la salud, la automoción, el transporte y la logística, las energías renovables o los servicios financieros”.

Para Pinedo, la clave estará precisamente en la capacidad de trasladar la IA al tejido productivo. “La competitividad en la economía de la IA no dependerá únicamente de quién desarrolle los modelos más avanzados, sino de quién sea capaz de aplicar esa inteligencia artificial de forma efectiva y a escala en su tejido productivo y social”, sostiene el directivo, quien destaca que “Europa necesita apoyarse en infraestructuras globales de IA y nube para acelerar su transformación, pero, al mismo tiempo, debe construir sobre ellas un ecosistema propio de empresas, talento, servicios y propiedad intelectual que le permita competir con autonomía estratégica a nivel global”.

Dos mapas tecnológicos de la UE y de Estados Unidos, unidas por cables

Senén Barro Ameneiro, director del Ci- TIUS (Centro Singular de Investigación en Tecnoloxías Intelixentes) de la Universidad de Santiago de Compostela

¿REGULACIÓN O COMPETITIVIDAD?

La regulación se ha convertido en otro de los grandes elementos diferenciales del modelo europeo. Mientras Estados Unidos apuesta por enfoques más flexibles y China combina control estatal y velocidad de ejecución, Bruselas intenta construir un marco regulatorio basado en derechos, transparencia y seguridad.

Pero Barro rechaza que regulación e innovación sean incompatibles. “Es una falsa dicotomía”, afirma. “Sin regulación, la IA puede erosionar derechos, confianza y seguridad; sin competitividad, Europa solo regularía tecnologías que otros fabrican”.

Palomo considera además que la idea de que Europa regula demasiado es “uno de los grandes mitos”. A su juicio, unas reglas claras pueden aportar estabilidad y evitar posiciones dominantes. Desde Microsoft, defienden una visión similar. “El AI Act puede convertirse en un elemento positivo para la competitividad europea si logra equilibrar innovación, confianza y seguridad jurídica”, afirma Pinedo. Y añade: La batalla por la soberanía digital europea, por tanto, no parece una carrera por construir el mayor modelo de IA del planeta. El objetivo es otro diferente y pasa por garantizar capacidad de decisión, proteger infraestructuras críticas y construir un ecosistema tecnológico alineado con los intereses industriales y sociales europeos. O, como concluye Barro: “Soberanía es, en definitiva, tener la capacidad de decidir sin la necesidad de imponer”.

IMPULSORES DE PROYECTOS EN IA

CONVERSACIÓN CON JESÚS HERRERO, DIRECTOR GENERAL DE RED.ES

Dos mapas tecnológicos de la UE y de Estados Unidos, unidas por cables

Jesús Herrero, director general de Red.es

¿Qué tipo de proyectos de IA han solicitado financiación en las últimas convocatorias?

Desde Red.es venimos impulsando proyectos en IA en diferentes convocatorias. Las dos últimas las hemos articulado a través de RedIA y RedIA Salud. Así, RedIA está pensada para proyectos de desarrollo experimental que llevan la IA a procesos reales de empresa, por ejemplo, para automatizar tareas, mejorar la calidad, anticipar fallos o reforzar la ciberseguridad, y que además suelen combinarse con otras tecnologías como IoT, robótica o sistemas autónomos. RedIA Salud, por su parte, se centra en aplicar la IA a necesidades del sector sanitario, con proyectos que prueban y validan soluciones con datos reales para mejorar la predicción y la prevención, el apoyo al diagnóstico, el seguimiento de pacientes, la investigación clínica, la gestión de recursos o el desarrollo de fármacos. En ambos casos se busca desarrollo experimental, es decir, trabajo de prototipado, piloto, pruebas y validación antes de escalar.

¿Qué requisitos son clave para acceder a estas ayudas?

El punto de partida es sencillo: tiene que solicitarlo una empresa con domicilio fiscal en España y estar al día con Hacienda y Seguridad Social. Además, deben ser empresas que desarrollen soluciones basadas en inteligencia artificial y las apliquen en un entorno con datos reales dentro de ámbitos como ciberseguridad, robótica, conectividad, internet de las cosas, tecnologías espaciales, diagnóstico, medicina personalizada o cirugía asistida. En el caso de RedIA y RedIA Salud, el presupuesto por proyecto está entre los 400.000 y 5.000.000 de euros.

¿Cómo se plantea el proceso para facilitar la solicitud?

La solicitud está pensada para hacerse de principio a fin por vía electrónica en la sede de Red.es. Para que el proceso sea más llevadero, solemos acompañarlo con guías, preguntas frecuentes, plantillas y sesiones informativas. Donde más se atascan las solicitudes suele ser en detalles muy de trámite durante el registro, anexos incompletos o problemas con la representación. También aparecen errores de presupuesto: gastos fuera de plazo, conceptos que no encajan en la convocatoria o pagos que no quedan bien acreditados. Por ello, recomiendo revisar guías y FAQs antes de enviar, porque ahí se resuelven la mayoría de las dudas típicas.

¿Qué papel juega el talento para impulsar proyectos?

El talento marca la diferencia entre hacer una prueba y poner una solución de IA a funcionar de verdad. Contar con perfiles con experiencia ayuda a escoger casos de uso realistas, preparar bien los datos, evaluar si el modelo funciona como se espera y, sobre todo, integrarlo en el día a día con seguridad y cumplimiento. Además, con la iniciativa Construyendo la Generación IA contamos con 120 millones de euros para la atracción y retención de talento.

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