Trump estudia suavizar los aranceles al acero y al aluminio

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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, planea reducir algunos aranceles aplicados a productos de acero y aluminio, en un movimiento destinado a aliviar la presión económica sobre hogares y empresas, según ha informado el Financial Times citando fuentes conocedoras del proceso.

De acuerdo con el diario británico, la Casa Blanca está revisando la actual lista de productos gravados, que incluye una amplia gama de artículos fabricados con estos metales y soporta aranceles cercanos al 50%. La administración estaría valorando eximir determinados productos, así como frenar la ampliación del listado de bienes afectados.

En paralelo, el Ejecutivo estadounidense contempla abrir una investigación de seguridad nacional más específica centrada en ciertos productos concretos, en lugar de mantener gravámenes generalizados. Esta vía permitiría un enfoque más selectivo sin desmantelar por completo la política arancelaria impulsada por Trump.

Crisis del coste de la vida

La posible flexibilización de los aranceles llega en un contexto de creciente crisis del coste de la vida, que ha impactado en los índices de aprobación del presidente. Diversos analistas y sectores empresariales han criticado estas medidas al considerarlas un impuesto indirecto para los consumidores.

Un estudio reciente de la Reserva Federal de Nueva York respalda estas críticas al señalar que empresas y consumidores estadounidenses asumieron cerca del 90% del coste de los aranceles en 2025, trasladándose los sobreprecios a la economía doméstica.

Pese a ello, Trump ha defendido reiteradamente que los ingresos arancelarios contribuyen a reducir la deuda nacional y ha llegado a sugerir la posibilidad de pagos públicos financiados con dichos recursos. No obstante, el presidente ya se vio obligado el año pasado a revertir algunos de sus gravámenes más estrictos y a promover una tregua comercial con China, ante el aumento de los costes de importación y su impacto en el mercado interno.

La eventual decisión sobre el acero y el aluminio marcará un nuevo ajuste en la estrategia comercial de la Casa Blanca, en un momento clave para la economía estadounidense y para la agenda política del presidente.

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