La Unión Europea ha vuelto a aplazar la firma del acuerdo comercial con Mercosur, prevista inicialmente para diciembre de 2025, debido a las reservas lideradas por Francia y respaldadas finalmente por Italia, lo que ha generado una minoría de bloqueo en el Consejo. La Comisión Europea confía ahora en cerrar el pacto a principios de 2026, pero el retraso pone en serio riesgo un acuerdo negociado durante 26 años.
El giro decisivo llegó cuando Italia pidió más tiempo, presionada por las protestas de su sector agrícola, sumándose a Francia, Polonia, Irlanda y Finlandia. Este movimiento frustró el respaldo político necesario para que Bruselas pudiera firmar el acuerdo este sábado con Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay.
El problema es que la paciencia de Brasil es limitada. El presidente Lula da Silva ya había advertido que, si el acuerdo no se cerraba ahora, no volvería a intentarse mientras él siga en el poder, aceptando solo una prórroga máxima de un mes. Esto convierte el aplazamiento en un riesgo existencial para el pacto, más que en un simple retraso técnico.
Desde Bruselas, la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, ha tratado de minimizar el impacto, defendiendo que “unas semanas más” son aceptables y asegurando que se está cerca de la mayoría necesaria. También se han subrayado las cláusulas de salvaguardia y las llamadas “cláusulas espejo” para proteger a los agricultores europeos.
Sector agrario
Sin embargo, el sector agrario, especialmente en Francia, sigue siendo el principal foco de oposición. Emmanuel Macron insiste en que no puede abrirse el mercado europeo a productos que no cumplan las mismas exigencias sanitarias, medioambientales y fitosanitarias que se imponen a los productores de la UE.
El bloqueo llega en un momento geopolítico delicado, en el que la UE busca diversificar suministros, reducir dependencias (especialmente de China) y reforzar su peso comercial global. De hecho, el comisario de Comercio, Maros Sefcovic, ya había advertido de que estaba en juego la credibilidad internacional de la UE.
En conjunto, el retraso del pacto UE-Mercosur no solo refleja las divisiones internas europeas, sino que alimenta la percepción de una UE incapaz de tomar decisiones estratégicas en un contexto de creciente proteccionismo y tensiones comerciales. Si no se logra un acuerdo rápido en enero, el riesgo de que el pacto se congele o se abandone por completo es real.















