El acceso a la vivienda en propiedad continúa perdiendo peso en España y consolida una tendencia que se aleja de los niveles previos a la última crisis inmobiliaria.
El Banco de España sitúa en el 70,6% el porcentaje de hogares propietarios de su vivienda principal a finales de 2024, lo que supone una caída de 1,5 puntos en apenas dos años.
El retroceso -que se observa en la Encuesta Financiera de las Familias que publicó el organismo este jueves- es significativo si se compara con el máximo cercano al 90% registrado en 2011.
La pérdida de propietarios se explica, en gran medida, por el encarecimiento de la vivienda, que exige mayores niveles de ahorro para afrontar la entrada y dificulta el acceso, especialmente entre los hogares con menor patrimonio.
La brecha es evidente en términos generacionales. Los mayores de 74 años presentan una tasa de propiedad del 83,4%, más del doble que los menores de 35 años, donde apenas alcanza el 36,7%.
Una diferencia que refleja tanto la acumulación de riqueza como las dificultades actuales para acceder al mercado inmobiliario.
La vivienda difícil
El deterioro también es más acusado entre los hogares con menos recursos. En el 20% con menor renta, la tasa de propiedad desciende del 55,8% al 53,1%, mientras que en el segmento más acomodado apenas varía y se mantiene por encima del 88%.
La mejora de ingresos no está traduciéndose en mayor acceso a la vivienda.
El repunte del precio de la vivienda, que creció un 12,7% el pasado año, ha ampliado la distancia entre salarios y costes inmobiliarios.
Esto está retrasando la entrada de nuevas generaciones en el mercado y consolidando el alquiler como alternativa obligada, con impacto directo sobre la capacidad de ahorro.
Pese a este contexto, los ingresos muestran cierta recuperación. La renta mediana de los hogares creció un 3,8% entre 2021 y 2023, superando niveles previos.
Además, los hogares con menores ingresos registraron un avance del 7%, lo que ha contribuido a reducir la desigualdad, con un índice de Gini en mínimos históricos del 0,41.
Sin embargo, esta mejora no se traduce en un aumento del patrimonio para los más vulnerables. La riqueza neta mediana en el 20% inferior ha caído, lo que sugiere que el alza de los alquileres está absorbiendo parte de esa recuperación de ingresos.
En paralelo, los hogares continúan reduciendo su endeudamiento. El esfuerzo destinado al pago de deudas se sitúa en el 13,4% de la renta, lejos de los niveles de la anterior burbuja.
Un ajuste que refleja un sistema financiero más prudente, pero también mayores barreras de acceso al crédito hipotecario.

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