La presión sobre la empresa española ha dejado de ser solo una cuestión de números. Hoy, el desgaste también se mide en las personas que están detrás de cada decisión. Según los últimos datos, más del 57% de las pymes señala el aumento de costes como su principal preocupación, pero hay otro dato que pesa incluso más: el 83% de los directivos reconoce haber sufrido estrés en 2025, frente al 24% del año anterior. Algo está cambiando, y no precisamente para mejor.
En este contexto, Carme Castro, CEO y fundadora de Kainova, apunta a una idea incómoda pero clave: no es que las empresas estén decidiendo mal, es que hay decisiones que ni siquiera llegan a plantearse. Y ahí es donde empieza el verdadero problema.
Mucho movimiento, poca transformación
A simple vista, las organizaciones están en constante actividad. Reuniones, revisiones, nuevas iniciativas. Sin embargo, los márgenes siguen bajo presión y los resultados no acompañan. Se decide, sí, pero dentro de un marco limitado. Como resume Castro, “se decide mucho… pero no se cambia lo que realmente importa”.
Este fenómeno genera una sensación peligrosa: la de avanzar sin moverse. Una falsa evolución que desgasta a los equipos directivos, atrapados en dinámicas que no terminan de atacar los problemas estructurales.
El coste de evitar lo incómodo
El foco no está tanto en las decisiones erróneas como en las que nunca llegan a existir. Los temas estratégicos, complejos o incómodos quedan fuera de la conversación, ya sea por falta de espacio, por cultura organizativa o por simple inercia.
Entre esas decisiones que se quedan fuera, destacan las que:
- Incomodan
- Generan tensión
- No encajan en los espacios formales de debate
El resultado es claro: empresas que operan, pero no evolucionan.
El reto del liderazgo hoy
Frente a este escenario, el enfoque de Kainova introduce un matiz interesante con su modelo de Liderazgo Disruptivo™. No se trata de motivar más ni de optimizar procesos, sino de algo mucho más directo: poner sobre la mesa lo que nadie está poniendo.
En un entorno cada vez más exigente, la ventaja competitiva no está solo en decidir rápido, sino en decidir mejor… y sobre todo, en decidir lo que otros evitan.
Porque, al final, la pregunta que marca la diferencia no es qué estás decidiendo, sino qué estás dejando fuera sin darte cuenta. Y ahí, probablemente, está el verdadero cuello de botella de muchas organizaciones hoy.

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