El mercado ha reaccionado con contundencia al aviso lanzado por EasyJet. La aerolínea británica se ha dejado hasta un 9% en Bolsa este jueves, su mayor caída intradía desde junio de 2022, tras anticipar un semestre marcado por números rojos y por el impacto directo de la inestabilidad geopolítica.
La compañía prevé cerrar los primeros seis meses de su ejercicio fiscal con pérdidas antes de impuestos de entre 540 y 560 millones de libras, en un contexto donde el encarecimiento del combustible vuelve a tensionar las cuentas del sector.
Un reporte de Bloomberg afirma que solo en marzo, este factor añadió 25 millones de libras a sus costes.
El conflicto en Oriente Próximo no solo presiona los márgenes, también empieza a enfriar la demanda.
EasyJet detecta un freno en las reservas de cara al verano, una señal especialmente sensible para una aerolínea de bajo coste.
Su consejero delegado, Kenton Jarvis, lo resumió así: “hemos observado una reducción de la demanda durante varias semanas”, lo que ha dejado las reservas estivales ligeramente por debajo de las del año pasado.
El entorno de EasyJet
El sector aéreo entra así en la temporada alta con más incertidumbres de lo habitual. A la volatilidad de la demanda se suma la inquietud por el suministro de combustible, en un entorno donde los precios del petróleo han repuntado con fuerza desde finales de febrero y donde algunas compañías ya advierten de posibles tensiones si el conflicto se prolonga.
Pese a este escenario, EasyJet intenta contener el mensaje de alarma. La dirección asegura que no hay “motivos de preocupación” sobre la disponibilidad de combustible al menos hasta mediados de mayo, y subraya que la operativa no se ha visto alterada, con todos los aeropuertos funcionando con normalidad.
Además, la aerolínea llega al verano con parte del riesgo acotado: tiene cubierto el 70% de sus necesidades de combustible para la temporada.
Este colchón limita el impacto inmediato de nuevas subidas, aunque no elimina la exposición a un entorno volátil.

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