El Banco de España ha encendido las alertas sobre la evolución de los precios al elevar sus previsiones de inflación hasta el 3,6% en 2026 y el 2,6% en 2027, mientras mantiene sin cambios el crecimiento económico del país en el 2,3% para este año y el 1,7% para el próximo ejercicio.
El supervisor financiero advierte de que, pese a la resiliencia de la economía española, el entorno global sigue marcado por una elevada incertidumbre geopolítica y por choques energéticos que están teniendo un impacto directo sobre los precios.
“La economía española ha demostrado una especial resiliencia ante los continuos temblores del mapa geoestratégico global”, ha señalado el Banco de España en la presentación de su informe anual, en el que también alerta de un déficit de vivienda de 370.000 unidades.
¿Qué observan desde el Banco de España?
El director general de Economía del Banco de España, David López Salido, ha explicado que el ejercicio reciente ha estado caracterizado por “enormes turbulencias”, con episodios que han afectado al comercio internacional, las materias primas y la estabilidad energética.
Entre ellos, el supervisor destaca el impacto del conflicto en Oriente Próximo, que llegó a elevar el precio del crudo un 42% en pocas semanas, aunque posteriormente se ha moderado tras el acuerdo de paz entre Estados Unidos e Irán.
En este contexto, el Banco de España revisa al alza la inflación en la zona euro y reduce ligeramente sus previsiones de crecimiento, reflejando un entorno económico más frágil en el conjunto del continente.
Sin embargo, España mantiene un mejor comportamiento relativo frente a sus socios europeos, apoyada en su mix energético renovable, el peso del turismo y la mejora del mercado laboral gracias a los flujos migratorios.
El supervisor subraya que este diferencial de crecimiento también tiene un efecto en la inflación, que aumenta más en España por la presión de los servicios y la fortaleza de la demanda interna vinculada al turismo y al ocio.
El sector del empleo
En paralelo, el Banco de España mantiene su previsión de tasa de paro en torno al 10%, mientras observa un incremento sostenido de los ingresos públicos tras la pandemia, aunque sin una mejora equivalente en la reducción de la deuda.
El organismo concluye que el escenario actual combina crecimiento estable con tensiones inflacionistas persistentes, lo que obliga a mantener la vigilancia sobre los riesgos derivados del entorno energético y geopolítico.

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