El Índice de Precios de Consumo (IPC) repuntó en septiembre hasta el 3% interanual, situándose una décima por encima de lo anticipado por el Instituto Nacional de Estadística (INE) y alcanzando su nivel más alto desde febrero. Este incremento, de tres décimas respecto a agosto, refleja el impacto del encarecimiento de la electricidad y los carburantes, dos componentes especialmente sensibles en el actual contexto energético.
Según los datos definitivos publicados este miércoles, la subida de los precios de la energía eléctrica y de las gasolinas ha sido determinante en el repunte del índice, rompiendo la moderación que había caracterizado la primera mitad del año. En contraste, el precio de los alimentos muestra una tendencia más contenida, aunque sigue pesando sobre el presupuesto de los hogares.
La atención en el BCE
El dato de septiembre consolida una presión inflacionaria moderada pero persistente, lo que mantiene la atención puesta en la política monetaria del Banco Central Europeo (BCE). Aunque la institución ha optado recientemente por una postura más prudente tras meses de endurecimiento, la evolución de la inflación en las principales economías de la eurozona podría condicionar futuros ajustes.
Para los consumidores, este nuevo aumento implica una ligera pérdida de poder adquisitivo, especialmente en los hogares más sensibles al gasto energético. No obstante, los analistas coinciden en que el repunte podría ser transitorio, siempre que la evolución de los precios energéticos se estabilice durante el último trimestre del año.
Con el IPC en el 3%, España se mantiene dentro del rango medio europeo, pero la tendencia refuerza la necesidad de seguir de cerca la evolución de los precios básicos y la respuesta de la política económica ante un escenario aún incierto.

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