El mercado de materias primas ha arrancado la semana con un nuevo hito histórico: el oro al contado ha superado por primera vez los 5.000 dólares por onza, impulsado por la debilidad del dólar y el aumento de la incertidumbre geopolítica vinculada a las políticas erráticas de la administración estadounidense. Durante la sesión del lunes, el metal precioso llegó a marcar un máximo intradía de 5.111 dólares, lo que supone una revalorización diaria del 2,5%.
La magnitud del movimiento no pasa desapercibida. Desde mediados de agosto de 2024, cuando el oro rompió por primera vez la barrera de los 2.500 dólares, su valor se ha duplicado en apenas año y medio. En lo que va de 2026, la subida acumulada ronda el 18%, después de cerrar un 2025 excepcional con un avance cercano al 70%, ejercicio en el que ya había superado los 4.500 dólares por onza.
Oro y Plata viven un momento espectacular
Este rally no se limita únicamente al oro. La plata también vive su propio momento dorado. Tras superar el pasado viernes los 100 dólares por onza, este lunes alcanzó los 109 dólares, acumulando una revalorización superior al 50% en 2026. Un comportamiento que refuerza la narrativa de retorno hacia activos tangibles en un entorno de elevada volatilidad.
Según los analistas de ING, Warren Patterson y Ewa Manthey, el actual repunte está siendo alimentado por una sucesión de shocks geopolíticos, entre los que destacan la incertidumbre sobre la postura de Washington respecto a Groenlandia y la persistente tensión entre Estados Unidos e Irán. A este contexto se suma un dólar más débil y unos rendimientos reales más bajos, factores que históricamente han favorecido la demanda de metales preciosos.
Además, el componente estructural juega un papel clave. El crecimiento limitado de la oferta minera y los desequilibrios en los balances físicos están añadiendo presión adicional al alza. A esto se suma el papel protagonista de los bancos centrales, que continúan reforzando sus reservas estratégicas como mecanismo de diversificación y protección frente a riesgos macroeconómicos.
En este escenario, los expertos coinciden en que oro y plata parten desde una posición sólida para mantener su atractivo. Con tensiones geopolíticas latentes, déficits estructurales de oferta y un entorno monetario todavía incierto, los metales preciosos vuelven a consolidarse como uno de los pilares defensivos del sistema financiero global. Una tendencia que, lejos de agotarse, podría seguir marcando el pulso de los mercados en los próximos meses.

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