La semana arranca con un golpe de realidad para los mercados financieros. Las principales Bolsas del mundo han abierto con fuertes caídas después de que el petróleo superara los 100 dólares por barril por primera vez desde 2022, llegando incluso a rozar los 120 dólares en medio de la escalada del conflicto entre Estados Unidos e Israel frente a Irán. La combinación de tensión geopolítica, encarecimiento energético y miedo a una nueva oleada inflacionaria ha provocado una venta masiva de activos a nivel global, así lo adelanta CincoDías.
En Europa, el impacto ha sido inmediato. El Ibex 35 se dejaba alrededor de un 3,3% en los primeros minutos de la sesión, cayendo por debajo de los 17.000 puntos, tras una semana previa ya marcada por fuertes pérdidas. De hecho, el selectivo español cerró la semana pasada con un descenso cercano al 7%, su peor balance semanal desde marzo de 2022, cuando estalló la guerra en Ucrania. En el resto del continente el escenario es similar: las Bolsas de Alemania y Francia registran caídas cercanas al 3%.
Tensión no solo en Europa
La tensión no se limita a Europa. Los futuros de Wall Street también anticipan una jornada complicada, con descensos cercanos al 2% tanto en el Nasdaq como en el S&P 500. En Asia, la reacción ha sido incluso más contundente: el índice Kospi de Corea del Sur se desplomó un 5,96%, mientras que el Nikkei japonés cayó un 5,24%, reflejando el nerviosismo de los inversores ante un escenario energético incierto.
El detonante de este terremoto financiero ha sido el petróleo. El Brent llegó a dispararse hasta un 29%, alcanzando los 119,50 dólares por barril, sumándose al fuerte repunte registrado la semana anterior. El crudo estadounidense West Texas Intermediate también se ha disparado más de un 30%, en un contexto marcado por recortes de producción y el bloqueo del tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz, uno de los puntos clave del comercio energético mundial.
Refugio en el dólar
Ante este panorama, los inversores están buscando refugio en el dólar mientras se deshacen de bonos y activos de riesgo, temiendo que el encarecimiento de la energía vuelva a presionar la inflación. El aumento de los rendimientos de la deuda pública refleja ese cambio de percepción en los mercados.
El efecto dominó también alcanza a los bancos centrales. Las expectativas de recortes de tipos se enfrían, ya que una inflación impulsada por la energía podría complicar cualquier intento de relajación monetaria por parte de las autoridades. En Europa, incluso empieza a plantearse la posibilidad de nuevas subidas de tipos por parte del Banco Central Europeo si las presiones inflacionarias se intensifican.
Con el conflicto en Oriente Medio sin señales claras de desescalada y el transporte marítimo aún paralizado en puntos clave, los inversores se preparan para un escenario prolongado de energía cara y volatilidad en los mercados. Por ahora, la sensación predominante en los parqués es clara: la incertidumbre vuelve a dominar el tablero financiero global.

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