El mercado energético arranca la semana bajo presión. El precio del petróleo ha vuelto a subir después de que Estados Unidos e Irán intercambiaran nuevos ataques durante el fin de semana, una escalada que sitúa de nuevo al estrecho de Ormuz en el centro de todas las miradas.
Antes de la apertura de las Bolsas europeas, el barril de Brent, referencia en Europa, avanzaba un 1,4%, hasta alcanzar los 97,6 dólares. El West Texas Intermediate (WTI), referencia en Estados Unidos, registraba una subida idéntica y se situaba en 92,8 dólares por barril.
El movimiento acerca al Brent a la barrera psicológica de los 100 dólares, mientras inversores, empresas y gobiernos siguen con atención una crisis que amenaza con alterar el transporte marítimo y tensionar todavía más los costes energéticos.
Un fin de semana de ataques
El nuevo repunte del crudo llega después de una sucesión de acciones militares en una de las rutas comerciales más sensibles del planeta. La Guardia Revolucionaria iraní confirmó el sábado que Estados Unidos había atacado tres petroleros iraníes.
Teherán respondió con una ofensiva contra seis embarcaciones, entre ellas tres petroleros y otros tres buques vinculados con Estados Unidos. La tensión continuó el domingo, cuando las autoridades iraníes informaron de un ataque contra un vehículo de superficie no tripulado estadounidense que navegaba por el estrecho de Ormuz.
Con esta última operación, Irán elevó a siete el número de embarcaciones estadounidenses atacadas en apenas 24 horas, según la versión ofrecida por el país. La ofensiva se presenta como una represalia directa por la incursión de Washington contra los petroleros iraníes.
Ormuz, prácticamente paralizado
Más allá del intercambio de ataques, el gran foco de preocupación está en el tráfico marítimo. El secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, Mohsen Rezaei, ha anunciado que Teherán prepara la creación de una “nueva zona prohibida” cerca del estrecho de Ormuz.
Esta área se extenderá entre la línea del bloqueo estadounidense y los puertos de carga. Además, Irán ha advertido de que cualquier barco que trate de navegar hacia el estrecho sin coordinar previamente su paso con Teherán podrá ser incluido en su lista de sanciones.
Rezaei sostiene que el enclave permanece “completamente cerrado” y rechaza la versión estadounidense de que la navegación continúa con normalidad. Según las cifras ofrecidas por el dirigente iraní, antes del cierre atravesaban la zona más de 100 buques, encargados de transportar más de 100 millones de toneladas de mercancías.
Ahora, siempre de acuerdo con Teherán, únicamente circulan entre siete y ocho embarcaciones, destinadas principalmente al transporte de productos esenciales para Irán. Algunas naves estarían intentando utilizar una ruta próxima a Omán, aunque las autoridades iraníes aseguran que buena parte de ellas terminan siendo interceptadas.
Irán busca rutas alternativas al petróleo
El bloqueo promovido por Washington también ha incrementado las dudas sobre la capacidad de Irán para mantener el abastecimiento interior. Sin embargo, Rezaei ha negado que la medida pueda provocar una situación de hambruna y asegura que el país cuenta con reservas suficientes de productos básicos y materias primas.
Según el responsable iraní, la venta de petróleo tampoco se ha detenido. Teherán habría logrado sacar de la región entre 70 y 80 millones de barriles que habían sido producidos y almacenados anteriormente y que ahora están siendo comercializados.
Irán también trabaja en la activación de corredores terrestres para reducir su dependencia del transporte marítimo. A esta estrategia se suma un nuevo corredor internacional acordado con Omán, cuyos detalles deberían anunciarse durante los próximos días.
El riesgo energético vuelve al mercado
Las autoridades de Irán y Omán ya pactaron a finales de agosto un plan por fases para gestionar el tráfico en Ormuz, con el objetivo declarado de proteger su soberanía y sus derechos sobre el enclave.
Sin embargo, el nuevo intercambio de ataques eleva las dudas sobre la aplicación de ese acuerdo. La reacción inmediata del mercado ha sido una nueva subida del petróleo, impulsada por el temor a que las restricciones marítimas se prolonguen.
Con el Brent por encima de los 97 dólares, el conflicto vuelve a introducir una prima de riesgo importante en el precio de la energía. Si la escalada continúa, la frontera de los 100 dólares por barril dejará de ser una hipótesis lejana para convertirse en el siguiente nivel que vigilarán los mercados.

















