Santander y Merlin Properties: puja silenciosa por los centros comerciales de Balkany

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El mercado inmobiliario comercial en España vuelve a colocarse en el radar del gran capital. La familia Balkany, de origen francés, ha puesto en venta nueve centros comerciales por un importe que ronda los 1.600 millones de euros, una cifra que, lejos de enfriar el apetito inversor, está atrayendo más interés del previsto. En la carrera por estos activos ya suenan nombres de primer nivel como Banco Santander y Merlin Properties, según fuentes del sector inmobiliario y como ha adelantado Cinco Días.

La operación tiene ingredientes de macrotransacción: volumen elevado, activos con tracción comercial y un contexto de mercado que empieza a diferenciar con claridad entre retail “commodity” y centros dominantes con propuesta de valor. En los últimos años, los centros que combinan ubicación estratégica, mezcla de marcas, ocio y restauración han demostrado una resiliencia mayor frente al comercio electrónico. Es precisamente en este segmento donde se encuadra la cartera que sale ahora al mercado.

El capital vuelve a mirar el retail

La presencia de grandes actores financieros y patrimonialistas apunta a una lectura clara: el capital vuelve a mirar al retail cuando hay escala y visibilidad de ingresos. En un entorno de tipos aún exigente, invertir en activos con capacidad de generar flujos estables se convierte en un refugio relativo, especialmente para grupos que buscan diversificar exposición entre banca, inmobiliario y gestión de activos. En paralelo, el interés de una socimi como Merlin Properties refuerza la tesis de que los centros comerciales “core” vuelven a ser activos estratégicos en carteras de largo plazo.

Más allá del ruido de mercado, la operación puede tener un efecto arrastre. Si se cierra en los términos que se barajan, marcará un nuevo punto de referencia en valoraciones para el retail comercial en España, reactivando el pipeline de transacciones en un segmento que llevaba tiempo en pausa selectiva. También pondrá a prueba la capacidad de los compradores para optimizar operaciones, reposicionar activos y exprimir sinergias en un contexto de consumo más exigente y sensible al precio.

El mensaje de fondo es nítido: no es un regreso indiscriminado al ladrillo comercial, es una apuesta quirúrgica por activos con músculo operativo. Y eso explica que, incluso con un ticket de 1.600 millones, la puja esté más viva de lo que muchos anticipaban.

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