El consejero delegado de Goldman Sachs, David Solomon, ha situado el riesgo de recesión en Estados Unidos en un terreno cada vez más volátil.
Esto estaría condicionado no solo por los fundamentos económicos, sino también por la comunicación política en redes sociales en plena escalada del conflicto con Irán, según declaró Solomon a Bloomberg.
En una entrevista en el Paley Center for Media, en Manhattan, el directivo advirtió de que el riesgo de desaceleración económica podría cambiar “a solo un tuit de distancia”, en referencia a la capacidad de los mensajes políticos de alterar el sentimiento de los mercados.
Solomon matizó, no obstante, que las previsiones actuales de recesión siguen siendo relativamente contenidas. Goldman Sachs estima una probabilidad en torno al 20%, frente a un escenario base del 15% en un entorno considerado “benigno”.
El comentario se produce en un contexto de alta sensibilidad financiera, en el que las publicaciones del presidente Donald Trump en su red Truth Social han tenido efectos inmediatos sobre los mercados energéticos.
La semana pasada, un mensaje sobre el supuesto compromiso de Irán de no cerrar el estrecho de Ormuz —no confirmado oficialmente— impulsó las bolsas y presionó a la baja el precio del petróleo.
Los análisis de Goldman Sachs
Desde Goldman Sachs, el portavoz Tony Fratto restó importancia a la literalidad de las declaraciones del CEO: “Cualquiera que viera la entrevista sabe que David estaba obviamente bromeando”, señaló.
En paralelo, el mercado energético sigue marcado por la tensión geopolítica. Desde el inicio del conflicto, los futuros del petróleo han subido alrededor de un 30%, con un máximo cercano a los 120 dólares por barril en marzo, aunque actualmente se sitúan en torno a los 95 dólares.
Solomon considera razonable que el crudo se mantenga entre 80 y 100 dólares en los próximos tres a seis meses, aunque advierte de que una escalada grave del conflicto podría llevarlo hasta los 170 dólares por barril.
El banquero también alertó de que unos precios energéticos persistentemente elevados acabarán trasladándose a la economía real, condicionando los datos macroeconómicos que se publiquen en la segunda mitad del año.

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