Europa desafía la hegemonía de Visa y Mastercard

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Europa enfrenta una dependencia creciente de gigantes estadounidenses de pagos como Visa y Mastercard, y la advertencia llega desde la propia industria: si las relaciones transatlánticas se tensan, este dominio podría convertirse en un arma geopolítica. Así lo señaló al FT Martina Weimert, directora ejecutiva de la Iniciativa Europea de Pagos (EPI), un consorcio de 16 bancos y empresas financieras europeas.

Dependemos demasiado de soluciones internacionales”, afirmó Weimert. “Sí, existen activos nacionales, como sistemas de tarjetas locales, pero no tenemos nada transfronterizo. La independencia es crucial y necesitamos actuar urgentemente”. En la eurozona, Visa y Mastercard representaron casi dos tercios de las transacciones con tarjeta en 2022, y 13 países carecen de alternativa nacional, mientras que incluso donde existen, su uso está disminuyendo.

Acelerar pagos digitales

La respuesta europea busca acelerar pagos digitales locales y reducir la exposición a actores externos. El EPI lanzó en 2024 Wero, una alternativa europea a Apple Pay, que ya cuenta con 48,5 millones de usuarios en Bélgica, Francia y Alemania y planea expandirse a pagos en línea y en tiendas para 2027. Sin embargo, el contexto geopolítico convierte esta iniciativa en una prioridad urgente, según Weimert.

El Banco Central Europeo (BCE) promueve paralelamente el euro digital, una moneda digital transfronteriza que fortalecería la soberanía monetaria y permitiría crear, en el futuro, el equivalente europeo de Visa o Mastercard. Según Aurore Lalucq, presidenta de la comisión de economía del Parlamento Europeo, el euro digital podría “proporcionar la base sobre la cual se construiría una infraestructura de pagos paneuropea”.

No obstante, existe un riesgo de llegar tarde: Weimert advierte que si las tensiones geopolíticas se intensifican, la solución del euro digital podría implementarse demasiado tarde para prevenir la dependencia de Estados Unidos. El desafío es ahora alinear intereses políticos, técnicos y financieros para que Europa logre, en menos de una década, una infraestructura de pagos verdaderamente independiente y segura.

Con el efecto Trump y la inestabilidad global sobre la mesa, Europa no solo busca modernizar su sistema de pagos: está luchando por controlar su soberanía tecnológica y económica frente a los gigantes estadounidenses.

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