Banco Santander ha cerrado definitivamente su exposición a la sociedad inmobiliaria que creó tras la integración de Banco Popular, poniendo fin a una de las operaciones más complejas derivadas de aquel rescate.
La entidad abandona el proyecto tras asumir una pérdida acumulada de 1.500 millones de euros, cita un reportaje de Expansión.
La desinversión afecta a Project Quasar Investments, vehículo constituido en 2018 junto al fondo estadounidense Blackstone para gestionar la cartera inmobiliaria deteriorada del banco rescatado.
Con esta salida, el control de la sociedad queda en manos del vehículo del fondo, que pasa a ser socio único a través de su estructura de inversión.
Santander había ido reduciendo progresivamente su participación en los últimos años, hasta quedarse en un 2,94% antes de ejecutar su salida definitiva.
El banco llegó a controlar el 49% del capital en los primeros compases del proyecto, que nació como una solución para aislar activos problemáticos tras la absorción de Popular.
La operación se enmarca en un proyecto que, desde su origen, estuvo vinculado a la limpieza del balance tras la crisis del banco adquirido.
Para ello, Santander y Blackstone aportaron cerca de 3.000 millones de euros y estructuraron un préstamo sindicado superior a los 7.300 millones, posteriormente refinanciado en varias ocasiones.
El comportamiento de la sociedad ha estado muy lejos de las expectativas iniciales, con pérdidas acumuladas superiores a 4.500 millones entre 2019 y 2024.
Solo el ejercicio de 2018 cerró en positivo, impulsado por plusvalías contables tras su constitución.
La decisión del Banco Santander
El deterioro progresivo de los activos inmobiliarios, junto con el peso de la financiación y los costes operativos, ha marcado la evolución del vehículo.
La cartera inicial, compuesta por activos problemáticos procedentes de Popular, llegó a superar los 30.000 millones de euros brutos, aunque fue ajustada posteriormente en el acuerdo entre ambas partes.
A cierre de los últimos datos disponibles, la sociedad aún mantenía activos deteriorados por más de 3.000 millones, en un contexto marcado por sucesivos ciclos de tensión en el mercado inmobiliario español.
Desde su creación, Quasar ha atravesado distintos entornos adversos: desde la desaceleración del sector en 2019 hasta el impacto de la pandemia, el repunte inflacionario y la subida de tipos de interés, además de episodios de incertidumbre geopolítica.






