Telefónica y BBVA separan caminos por 608 millones de euros

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Hay movimientos que, sin ser ruidosos, dicen mucho de cómo están reordenándose las grandes corporaciones españolas. En 2025, Telefónica cerró la venta de su 0,77% en el capital de BBVA por 608 millones de euros, una operación que le ha generado plusvalías de 335 millones. Más allá del impacto financiero, la lectura estratégica es clara: se cierra un vínculo accionarial de casi 25 años entre dos gigantes que hoy priorizan foco y eficiencia en sus carteras.

La desinversión responde a una lógica cada vez más extendida en los consejos: rotar activos no estratégicos para ganar flexibilidad financiera. Para Telefónica, el movimiento encaja con un discurso que pone el acento en disciplina de capital, reducción selectiva de participaciones y refuerzo del balance. No es tanto una ruptura abrupta como una decisión quirúrgica en un momento en el que el sector de las telecomunicaciones exige músculo inversor en redes, digitalización y servicios de valor añadido.

BBVA sale del consejo de Telefónica

El giro se completa en el plano del gobierno corporativo. BBVA saldrá del consejo de Telefónica tras la no renovación de José María Abril, consejero desde 2007. El propio presidente de Telefónica, Marc Murtra, ha explicado que el banco ya no considera su inversión “estratégica”. En términos de gobernanza, el mensaje es coherente: si no hay apuesta estratégica, no hay asiento en el consejo. La silla la ocupará Jane Thompson, que entrará como consejera independiente, reforzando el perfil profesional del órgano de administración.

El contexto regulatorio también pesa. Con alrededor del 5% del capital de Telefónica, BBVA queda por debajo del umbral que permite contar con un consejero dominical según las prácticas de buen gobierno en España (en torno al 6,6%). La aritmética accionarial empuja la decisión y, al mismo tiempo, legitima un cambio que ordena la relación entre ambas compañías en un plano más institucional que accionarial.

En el fondo, este movimiento habla de una tendencia de mayor calado: las participaciones cruzadas pierden atractivo cuando no aportan sinergias claras. En un entorno de tipos más exigentes y presión por la rentabilidad, los conglomerados tienden a simplificar estructuras, liberar capital y concentrarse en el core. Para Telefónica, la operación supone oxígeno financiero y claridad estratégica; para BBVA, un paso más en la racionalización de su cartera de participadas. Una separación limpia, sin ruido, que refleja cómo las grandes alianzas también evolucionan cuando el contexto cambia.

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