Europa se sube al tren de las stablecoins

Mientras en la Unión Europea proliferan los anuncios de nuevas monedas digitales, en España, la gran banca se centra, primero, en crear nuevas redes de intercambio. El próximo paso, ya en curso, será el lanzamiento de la primera stablecoin a mediados de año

StablecoinsGettyImages

Del trueque a la sal. De la sal al oro y las monedas. De las monedas a la fiducia y de ella al patrón oro. El dinero ha cambiado sus formas, pero no el concepto. De las conchas de la antigüedad o las monedas acuñadas (casi siempre) en metales preciosos se pasó a las cartas de depósito y crédito de los Templarios para desembocar (tras Bretton Woods y el fin del patrón oro) en el plástico de las tarjetas y, ahora, los archivos digitales.

Hoy, las criptomonedas —basadas solo en la credibilidad de los inversores— suponen un mercado de 2,2 billones de euros donde invierten 562 millones de personas en el mundo. Y son un negocio que mueve cada día 100.000 millones de dólares según los cálculos de Kraken, una de las mayores plataformas de criptos del mundo.

Las criptos (básicamente, archivos digitales) son ya un activo de inversión y un medio de pago que evidencian también que los bancos centrales han perdido el monopolio de la creación de moneda. Criptos como Bitcoin o Ethereum extienden su influencia sin la intermediación de los bancos. Son activos rentables, pero también muy volátiles.

La banca responde a las criptos con tres objetivos: extender la tecnología blockchain a su negocio, atender la demanda y ofrecer activos seguros de inversión. Y para ello emitirá sus propias stablecoins: criptomonedas respaldadas por activos tangibles (euros, dólares, oro o una materia prima) que garantizan su valor. Sin volatilidad. El banco que emite una stablecoin la respalda con una reserva bancaria específica (en euros o bonos) por el total de su valor.

Banco de España

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LA BANCA EUROPEA DESPIERTA

A la banca europea le ha costado arrancar. Pero el éxito de EE. UU. con stablecoins referenciadas en dólares como Tether (la dominante con casi el 60% de cuota) les ha convencido. En la UE, la carrera por posicionarse lleva a los bancos a preparar una escalada de lanzamientos de stablecoins que arrancará este mismo año.

Además de la creciente comercialización de criptos entre sus clientes (Openbank, del Grupo Santander, acaba de anunciar la incorporación de Solana y Polkadot a su oferta), en España, los bancos priorizan el desarrollo tecnológico.

El lanzamiento de una stablecoin propia será la consecuencia, no el objetivo. El primer banco del país, el Santander, invertirá 20.000 millones de euros en cuatro años en transformación digital y tecnológica (negocio en la nube, IA…). Su plan One Transformation supone la transformación del negocio global que, entre otros indicadores, ha llevado su ratio de eficiencia a niveles históricamente bajos.

El plan Cosmos de CaixaBank supone la inversión de casi 6.400 millones entre 2024 y 2027, mientras el BBVA ha destinado a tecnología 1.732 millones solo en 2025. Aun así, el uso de las stablecoins en España y Europa es todavía “muy limitado” Pese a las cifras, las operaciones con estas monedas apenas suponen el 12,9% del mercado total de criptoactivos con un valor de mercado de 261.000 millones de euros. Pero esto cambiará rápidamente cuando entre en vigor el Reglamento Europeo de Mercados de Criptoactivos, conocido como MiCA (acrónimo de Markets in Crypto-Assets). MiCA fija rigurosos requisitos de solvencia a los emisores y les obliga a tener sus reservas auditadas para prevenir ‘fallidos’. La fecha clave es el 1 de julio. A partir de ese día, en toda la UE solo podrán operar con criptoactivos entidades específicamente autorizadas por el regulador.

Los agentes están obligados a “autorizarse ante la CNMV como prestadores de servicios con criptoactivos y que ese Registro no admite nuevas solicitudes”, recuerda el Banco de España. Algo que tiene revolucionados a bancos e intermediarios financieros para cumplir plazos porque, una vez cerrado el registro, “no habrá ampliaciones”.

En los propios bancos la situación se ve con más calma. El responsable de Blockchain y Activos Digitales de BBVA, Francisco Maroto, cree que más que ‘fiebre’ por las stablecoins hay “una evolución natural del sector hacia soluciones más eficientes, interoperables y adaptadas a un entorno financiero cada vez más digital. El reto ahora —dice— no es lanzar por lanzar [una stablecoin], sino identificar dónde estas soluciones aportan valor real a empresas e instituciones”.

La carrera por entrar en este negocio se debe a una combinación de tres factores. Primero, a que el mercado está madurando regulatoriamente en Europa, lo que da más seguridad jurídica para explorar este tipo de soluciones. Segundo, a que están emergiendo casos de uso concretos con potencial real, especialmente en pagos internacionales y en la liquidación de activos digitales o tokenizados. Y, tercero, a una cuestión estratégica: Europa necesita desarrollar infraestructuras propias en euros para no depender exclusivamente de soluciones privadas internacionales, muchas veces ligadas al dólar”.

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El responsable de Blockchain y Activos Digitales de BBVA, Francisco Maroto

EL JUEGO DE LAS ALIANZAS

Iniciativas como Qivalis marcan la línea. El consorcio prevé lanzar a mediados de año su propia stablecoin referenciada al euro. El proyecto no es menor: nueve países involucrados con algunas de sus mayores entidades: los españoles Caixa- Bank y BBVA, el neerlandés ING; los italianos UniCredit y Banca Sella; el francés BNP Paribas; el belga KBC; el Danske Bank danés; el sueco Skandinaviska Enskilda Banken (SEB) y el austriaco Raiffeisen Bank International.

“Nuestra aproximación no parte de la idea de construir una stablecoin propia como fin en sí mismo. BBVA ha decidido priorizar la participación en Qivalis porque creemos que, en esta fase del mercado, las soluciones conjuntas de industria ofrecen más escala, interoperabilidad y utilidad para los clientes que los desarrollos aislados”, señala Maroto. “Lo relevante es construir infraestructuras y estándares que permitan casos de uso eficientes, seguros y regulados. Si queremos que estas soluciones tengan recorrido en Europa —añade—, deben nacer con vocación de integración en el sistema financiero y con una gobernanza sólida. Por eso vemos más sentido a una iniciativa compartida como Qivalis que a una stablecoin independiente de una sola entidad”.

El BBVA participa también en el proyecto Agorá del Banco Internacional de Pagos (BIS), centrado en modernizar la infraestructura financiera global sobre tecnología blockchain. La expansión de las stablecoins variará en cada mercado. “En Europa, donde hoy vemos una demanda más clara e inmediata es en el ámbito corporativo e institucional; especialmente en empresas con actividad internacional, cadenas de suministro globales o necesidades de pagos y liquidación más eficientes. Ahí las ventajas son muy concretas: más rapidez, menos fricción operativa y potencialmente menores costes en determinados procesos”, señala este experto.

“En cambio, en otros mercados la lógica puede ser distinta. Por ejemplo, en países como Turquía, las stablecoins también pueden tener un uso más vinculado al ámbito retail, como instrumento de preservación de valor o refugio frente a la volatilidad de la moneda local. Es decir, no hay un único patrón global: el caso de uso depende mucho del contexto económico, monetario y regulatorio de cada país”.

Las infraestructuras en desarrollo, además, aportan soberanía a la UE. Para el ejecutivo del BBVA, “Que Europa cuente con infraestructuras propias para pagos y liquidación digital en euros refuerza su autonomía estratégica, reduce dependencias externas y ayuda a preservar la relevancia internacional de su moneda también en el entorno digital”.

“Ahora bien —advierte—, la autonomía no vendrá solo de la tecnología. También dependerá de que estas redes estén bien integradas en el marco regulatorio europeo, de que respondan a necesidades reales del tejido empresarial y de que se desarrollen con visión de industria, no de forma fragmentada”.

Las nuevas redes son también estratégicas para el Banco Santander. La entidad ha desplegado un amplio abanico de alianzas de alcance global como el Sterling Fnality Payment System (Fnality), el primer sistema de pagos mayorista regulado basado en blockchain que permitirá la liquidación instantánea de operaciones en los mercados de capitales.

El Santander es cofundador del Consorcio Global de Stablecoins que integra a gigantes financieros de Alemania (Deutsche Bank), Francia (BNP Paribas), Reino Unido (Barclays), Suiza (UBS), Japón (MUFG Bank), Canadá (Toronto- Dominion Bank) y EE.UU. (Bank of America, Goldman Sachs, Citigroup). El objetivo es crear un nuevo sistema de pagos para, al final, lanzar una stablecoin respaldada por una cesta de grandes divisas (dólar, euro, yen, etc.) capaz de competir con otras stablecoins como USDC.

ITALIA, ‘ON FIRE’

Cronológicamente, la francesa Société Générale lanzó la primera stablecoin de un gran banco (2023), la EUR CoinVertible. Pero es en Italia donde el sector se mueve más rápido. La Banca Sella fue la primera en operar con criptoactivos en ese país y trabaja en soluciones de cash on-ledger (dinero en el libro mayor) que funcionan como stablecoins para que sus clientes corporativos puedan liquidar operaciones de forma instantánea.

No es la única. UniCredit colabora con la plataforma de pagos española Iberpay para emitir tokens de dinero electrónico dirigidos a optimizar la liquidez intradía y los pagos internacionales. La entidad que dirige Andrea Orcel participa en varios proyectos coordinados por la Associazione Bancaria Italiana (ABI), mientras Intesa Sanpaolo lidera el proyecto Leonidas para usar infraestructura basada en blockchain en transacciones interbancarias y pagos transfronterizos.

El Banco de Italia ha sido el gran dinamizador. En 2024 publicó directrices ya alineadas con el reglamento Markets in Crypto-Assets Regulation (MiCA). Y actualmente impulsa el proyecto Cassiopea para emitir una stablecoin en euros dirigida al mercado de capitales y la liquidación de valores digitales.

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