La compra de Webster por Santander, en manos de Trump

Ana BotínAna Botín

La expansión del Banco Santander en Estados Unidos quedará, en última instancia, en manos del presidente Donald Trump. La operación para adquirir el banco estadounidense Webster deberá superar el filtro de dos organismos clave dependientes del Gobierno federal, lo que sitúa a la Casa Blanca en el centro del proceso de autorización.

En concreto, la transacción necesita el visto bueno de la Office of the Comptroller of the Currency (OCC), el principal supervisor de los bancos con licencia federal, dependiente del Departamento del Tesoro, así como de la división antimonopolio del Departamento de Justicia. Ambos organismos están bajo la órbita directa del Ejecutivo republicano.

Según Cinco Días, el Santander se muestra confiado en que la compra se cerrará durante la segunda mitad del año. Además del aval de estos reguladores vinculados a la Administración Trump, la entidad española deberá obtener la aprobación de otras autoridades independientes, como la Reserva Federal, cuyo liderazgo asumirá previsiblemente Kevin Warsh en mayo, y del Banco Central Europeo (BCE).

Una vez completado el proceso regulatorio, el plan de la presidenta del banco, Ana Botín, pasa por fusionar Webster con la filial del Santander en EE UU. Así lo confirmó recientemente en una conferencia con analistas, donde explicó que la operación también requerirá el respaldo de las juntas de accionistas de ambas entidades, algo que la entidad da por hecho en los próximos meses.

Cláusula de penalización

El acuerdo contempla, además, una cláusula de penalización de 489 millones de dólares (unos 410 millones de euros) en caso de que alguna de las partes se retire de la operación. No obstante, el contrato exime del pago si la compra no se ejecuta por problemas regulatorios.

Como ocurre habitualmente en el sector financiero, la operación no está exenta de lecturas políticas. En España, el reciente intento de opa del BBVA sobre el Sabadell evidenció cómo la intervención del Ejecutivo puede alterar el desenlace de este tipo de procesos, al imponer condiciones adicionales que terminaron frustrando la fusión.

En el contexto estadounidense, el factor político adquiere un peso especial. Ana Botín ha mostrado en el pasado una clara sintonía con Trump, con quien compartió mesa en el Foro de Davos, donde defendió la inversión del Santander en EE UU y elogió la agenda desreguladora del presidente. Trump, por su parte, llegó a felicitarla públicamente por su gestión.

Sin embargo, el actual clima político añade incertidumbre. El presidente ha reiterado en los últimos meses su discurso proteccionista, denunciando que otros países se benefician de la economía estadounidense. Queda por ver si esa visión se traducirá en obstáculos para que una entidad extranjera tome el control de un banco estadounidense, en una operación que ahora depende, más que nunca, de la decisión final de Trump.

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