La Asociación Española de Banca (AEB) ha lanzado un llamamiento a las instituciones europeas para acometer una profunda reforma del marco financiero comunitario. Según los cálculos del sector, una combinación de simplificación normativa, integración de los mercados financieros y revisión de los requisitos regulatorios permitiría liberar más de dos billones de euros de capacidad financiera en toda Europa.
La presidenta de la patronal bancaria, Alejandra Kindelán, considera que el continente ha alcanzado un nivel de estabilidad suficiente como para dar un paso más y situar la competitividad económica entre las prioridades de las autoridades supervisoras.
¿Qué impacto tendría esta transformación en España y en la eurozona?
Las estimaciones presentadas por el sector apuntan a que España podría concentrar alrededor de 250.000 millones de euros del potencial financiero liberado. A escala europea, el efecto económico podría traducirse en un incremento del 2,7% del Producto Interior Bruto (PIB) de la eurozona.
Desde la industria financiera sostienen que estos recursos adicionales permitirían aumentar la financiación a empresas y familias, impulsar la inversión y reforzar la capacidad de crecimiento de la economía europea en un contexto de creciente competencia internacional.
¿Debe el BCE incorporar la competitividad entre sus objetivos?
Uno de los principales mensajes trasladados por la patronal bancaria es la necesidad de que la competitividad figure de forma explícita entre las metas del Banco Central Europeo y de los supervisores financieros.
La banca argumenta que las entidades europeas presentan actualmente elevados niveles de solvencia, liquidez y resistencia frente a posibles crisis. En consecuencia, considera que ha llegado el momento de complementar la estabilidad financiera con políticas que favorezcan el crecimiento económico y la capacidad de competir frente a otras grandes regiones del mundo.
El planteamiento no busca sustituir los objetivos tradicionales de supervisión, sino ampliarlos para responder a los nuevos desafíos económicos y geopolíticos.
¿Está la regulación bancaria frenando la capacidad de financiación?
El sector sostiene que la acumulación de normas durante los últimos años ha generado un entramado regulatorio excesivamente complejo. Según la AEB, numerosos requerimientos de capital y supervisión se solapan entre sí, incrementando costes y cargas administrativas para las entidades.
La organización considera que existe margen para eliminar duplicidades, aumentar la previsibilidad regulatoria y mejorar la coordinación entre organismos supervisores sin comprometer la seguridad del sistema financiero.
La propuesta incluye la creación de mecanismos permanentes de coordinación que permitan una visión más coherente y eficiente de las exigencias regulatorias.
¿Es Europa víctima de una excesiva fragmentación normativa?
La patronal bancaria alerta de que una misma entidad financiera puede verse sometida a la supervisión de decenas de organismos distintos y a miles de obligaciones regulatorias.
A juicio del sector, esta complejidad dificulta la actividad transfronteriza y reduce la capacidad de los bancos europeos para competir en igualdad de condiciones con grandes entidades estadounidenses o asiáticas.
Por ello, la AEB defiende una mayor utilización de reglamentos europeos de aplicación directa frente a las directivas nacionales, cuyo proceso de transposición suele generar diferencias regulatorias entre países y aumentar la fragmentación del mercado único.
¿Por qué la integración de los mercados de capitales sigue siendo una asignatura pendiente?
La culminación de la Unión de Mercados de Capitales figura entre las principales reivindicaciones del sector financiero. Los bancos consideran que Europa dispone de un enorme volumen de ahorro privado que todavía no se canaliza de forma eficiente hacia proyectos empresariales e inversiones productivas.
La integración permitiría movilizar recursos entre países con mayor facilidad, aprovechar economías de escala y ofrecer nuevas oportunidades de financiación para empresas de todos los tamaños.
Además, la banca reclama incentivos fiscales, productos de inversión más accesibles y una mejora de la educación financiera para favorecer la participación de los ciudadanos en los mercados de capitales.
¿Qué riesgos afronta Europa si no actúa con rapidez?
Desde la industria financiera existe la percepción de que otras grandes economías están avanzando con mayor velocidad en la adaptación de sus sistemas financieros a los nuevos desafíos globales.
Los representantes del sector advierten de que retrasar las reformas podría limitar la capacidad de Europa para financiar la transición energética, la digitalización, la innovación tecnológica y los proyectos estratégicos necesarios para reforzar su autonomía económica.
Por ello, la banca insiste en que el diagnóstico ya está realizado y que el momento exige decisiones políticas de mayor alcance.
¿Se abre una nueva etapa para el sistema financiero europeo?
El debate sobre la competitividad bancaria está ganando peso en Bruselas y en los principales centros financieros europeos. La presión para simplificar la regulación y profundizar en la integración del mercado único coincide con la necesidad de movilizar enormes cantidades de capital para sostener el crecimiento económico de la próxima década.
Si las propuestas del sector prosperan, Europa podría afrontar una de las reformas más ambiciosas de su arquitectura financiera desde la creación de la unión bancaria, con el objetivo de convertir la estabilidad conseguida tras años de regulación en una nueva palanca de crecimiento.

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