Goiko dispara un 161% sus pérdidas hasta 36,4 millones

Goiko

Goiko atraviesa uno de los momentos más complicados de su historia. La cadena española de hamburgueserías cerró 2025 con unas pérdidas de 36,4 millones de euros, un 161% más, mientras que su facturación retrocedió un 11,2%, hasta los 109,1 millones. El deterioro del negocio ha provocado además un profundo cambio accionarial: el fondo francés Capza ha tomado el control de la compañía después de convertir buena parte de su deuda en capital.

Las cuentas de InternationalBurgerCo, matriz de Goiko, reflejan una combinación especialmente complicada: menos clientes, menor consumo por visita, mayores deterioros contables y una estructura financiera que necesitaba una profunda reestructuración.

La compañía inicia ahora una nueva etapa centrada en reducir costes, reposicionar la marca y volver a generar caja, después de dejar atrás sus planes de expansión internacional.

Las ventas caen a mínimos desde 2021

El deterioro no se limita al beneficio. Goiko facturó 109,1 millones de euros durante 2025, frente a los 122,9 millones del ejercicio anterior. La caída del 11,2% deja a la compañía con su menor nivel de ingresos desde 2021, cuando la restauración todavía sufría las consecuencias de las restricciones derivadas de la pandemia.

Desde 2023, la contracción acumulada de las ventas alcanza aproximadamente el 21%. La compañía atribuye esta evolución principalmente a una reducción del tráfico de clientes y a un menor nivel de gasto entre quienes continúan acudiendo a sus restaurantes.

El resultado operativo refleja todavía mejor la magnitud del problema. Las pérdidas de explotación pasaron de unos 9,1 millones en 2024 a 32,2 millones de euros en 2025, más que triplicándose en un solo ejercicio.

Capza convierte 62 millones de deuda en capital

Goiko estaba controlada desde 2018 por L Catterton, fondo estadounidense respaldado por LVMH, que adquirió entonces el 80% de la empresa. El fundador, Andoni Goicoechea, conservó el 20% restante.

Pero el elevado endeudamiento y el deterioro del negocio terminaron alterando completamente esa estructura. En diciembre de 2025, Capza capitalizó 57 millones de euros de deuda, a los que añadió otros cinco millones previamente prestados a Goiko. En total, aproximadamente 62 millones de euros fueron convertidos en capital.

Tras la operación, los fondos de Capza pasaron a controlar alrededor del 98% de la compañía. L Catterton quedó reducido a aproximadamente un 1,6% y el fundador conserva apenas un 0,4%.

La reestructuración permitió aliviar considerablemente el balance. La deuda con entidades financieras, que superaba los 80 millones de euros al cierre de 2024, cayó por debajo de los 25 millones al terminar 2025.

111 restaurantes y menos obsesión por abrir

Goiko mantiene actualmente una red de 111 establecimientos, pero la prioridad ha dejado de ser crecer mediante aperturas. El nuevo accionista quiere mejorar primero la rentabilidad de los restaurantes existentes y conseguir que el negocio vuelva a generar caja de forma recurrente.

La compañía ha iniciado una revisión estratégica que contempla reposicionar la marca y aplicar medidas de ahorro de costes.

El contexto competitivo tampoco ayuda. El mercado español de hamburgueserías se ha llenado de nuevos operadores y el auge de las smash burgers ha elevado todavía más la presión sobre un segmento en el que Goiko fue durante años una de las referencias de la hamburguesa gourmet.

Una nueva etapa para salvar el crecimiento de Goiko

Los números de 2025 resumen la profundidad del ajuste: 36,4 millones de euros de pérdidas, un 161% más; ventas de 109,1 millones, un 11,2% menos; y un resultado operativo negativo de 32,2 millones.

La buena noticia está en el balance. La entrada de Capza y la conversión de 62 millones de deuda en capital han reducido considerablemente la presión financiera y permiten destinar menos recursos al pago de intereses.

Goiko ya no necesita demostrar que sabe abrir restaurantes: llegó a construir una marca reconocible y una red de más de un centenar de locales. Su reto es demostrar que puede hacer rentable todo lo que construyó. Con Capza al mando, menos deuda y la expansión internacional aparcada, 2026 se convierte en el año en el que la cadena tendrá que demostrar si puede volver a crecer sin repetir los desequilibrios que la llevaron a perder más de 36 millones.

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