En los mercados, no siempre hace falta hacer ruido para mover ficha. Goldman Sachs ha elevado su participación en BBVA hasta el 3,566%, recuperando terreno tras meses de desinversión progresiva. Un movimiento que, aunque discreto en apariencia, recoloca al banco estadounidense en el núcleo accionarial de la entidad.
La evolución de su posición refleja una estrategia dinámica: desde el máximo del 7,4% en 2022, pasando por ajustes a la baja en 2024, hasta este nuevo incremento que sugiere un renovado interés por el valor. Actualmente, Goldman controla un 2,52% vía participación directa y otro 1,046% mediante instrumentos financieros, una combinación habitual en este tipo de posicionamientos sofisticados.
El resultado: se convierte en el tercer mayor accionista de BBVA, solo por detrás de BlackRock y Capital Research and Management. Es decir, entra de lleno en el grupo que realmente influye.
Pero el movimiento no llega aislado. También ha reforzado su presencia en Indra, elevando su participación hasta el 10,871%, lo que apunta a una estrategia más amplia: reposicionarse en activos clave del mercado español, tanto en banca como en defensa y tecnología.
El contexto acompaña. La mejora del sentimiento inversor tras el alto el fuego entre Estados Unidos e Irán ha impulsado los mercados, con subidas en el Ibex 35 y una recuperación del apetito por el riesgo. BBVA, por su parte, cerró en 19,54 euros por acción, aún lejos de sus máximos recientes, pero con margen para recorrido.
En este escenario, el mensaje es claro: los grandes jugadores están volviendo a tomar posiciones. Y cuando firmas como Goldman Sachs ajustan su exposición, rara vez es casualidad.

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