Intel cerró su ejercicio fiscal 2025, finalizado el 27 de diciembre, con pérdidas netas atribuidas de 267 millones de dólares (227,5 millones de euros), un descenso del 98,6% frente a los 18.756 millones de dólares (15.978 millones de euros) del año anterior. La compañía estadounidense de microprocesadores registró ingresos de 52.853 millones de dólares (45.025 millones de euros), apenas un 0,5% menos que en 2024.
La multinacional logró contener sus gastos totales —producción, I+D, marketing y administración— hasta 55.067 millones de dólares (46.911 millones de euros), un 15% menos gracias a la reducción de costes en investigación y amortizaciones.
En el cuarto trimestre, Intel reportó unas pérdidas de 591 millones de dólares (503,5 millones de euros), cuatro veces más que en el mismo periodo del año anterior, mientras que la facturación cayó un 4,1%, hasta 13.674 millones de dólares (11.649 millones de euros).
«Hemos cerrado el año con unos resultados sólidos y hemos avanzado en nuestro camino hacia la refundación de Intel», declaró el presidente y CEO, Lip-Bu Tan. Por su parte, el director financiero, David Zinsner, destacó que «hemos superado las expectativas del cuarto trimestre en ingresos, margen bruto y beneficio por acción, pese a la escasez de suministros que ha afectado a todo el sector».
Para el primer trimestre de 2026, la compañía estima ingresos entre 11.700 y 12.700 millones de dólares (9.967 y 10.819 millones de euros) y pérdidas por acción de 0,21 dólares (0,18 euros).
Plan de Intel
Desde que Tan asumió como CEO en marzo, Intel ha implementado un plan de reorganización corporativa que incluye ajustes de plantilla y optimización del organigrama. Los gastos operativos para 2025 se redujeron a 17.000 millones de dólares (14.482 millones de euros), con una previsión de 16.000 millones (13.630 millones de euros) para 2026.
Además, la compañía ajustó sus gastos de capital brutos a 18.000 millones de dólares (15.334 millones de euros) frente a los 20.000 millones previstos inicialmente. Otras medidas internas incluyen limitar reuniones innecesarias, reducir el número de asistentes y aumentar la presencialidad en oficinas de tres a cuatro días semanales desde septiembre.

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