La guerra en Irán ha encendido todas las alarmas en el mercado energético global. La Agencia Internacional de la Energía (AIE) advierte de que el conflicto puede desencadenar una crisis de suministro sin precedentes en los próximos meses, con efectos directos sobre la economía mundial.
El detonante es el bloqueo del estrecho de Ormuz, por donde circulaba cerca del 20% del petróleo y gas consumido en el mundo.
La interrupción de este corredor ha provocado una caída histórica de la producción de 10,1 millones de barriles diarios en marzo, afectando a grandes productores del golfo Pérsico.
El impacto no se limita a la oferta. La AIE anticipa el primer descenso de la demanda mundial de petróleo desde 2020, año marcado por la pandemia.
Frente a previsiones anteriores de crecimiento, ahora estima una contracción de unos 80.000 barriles diarios en 2026.
“La guerra de Irán ha trastocado por completo las perspectivas mundiales sobre el consumo de petróleo. La destrucción de la demanda se extenderá a medida que persistan la escasez y los precios más altos”, señala el organismo. El mensaje es claro: la escalada de precios terminará erosionando el consumo global.
Los malos días que ve la AIE
El peor escenario se concentra en el segundo trimestre, con un consumo medio de 102,1 millones de barriles diarios.
A partir de ahí, la evolución dependerá de la duración del conflicto. Si se prolonga, la AIE advierte de una caída de hasta 1,5 millones de barriles diarios entre el segundo y el cuarto trimestre.
Incluso contempla un escenario más extremo. “En este caso, los mercados energéticos y las economías de todo el mundo deben prepararse para importantes perturbaciones en los próximos meses”.
En ese supuesto, el desplome de la demanda podría alcanzar los 5 millones de barriles diarios.
Europa tampoco queda al margen. La agencia alerta de tensiones en el suministro de combustible para aviación en plena campaña de verano.
El continente podría ver sus reservas caer a niveles críticos en junio, obligando a competir por cargamentos alternativos.
“Parece que los mercados europeos tendrán que esforzarse más para atraer nuevos cargamentos de sustitución”, advierte la AIE.
Con menos oferta, precios al alza y una demanda en retroceso, el equilibrio energético global entra en una fase de alta fragilidad.

















