Conservas La Brújula ha convertido la gestión de sus residuos en una pieza más de su proceso productivo. Los restos de pescado y marisco que no se incorporan al producto final se almacenan en una cámara de refrigeración específica hasta que son recogidos para su transformación en piensos destinados a la alimentación animal.
La iniciativa permite que materiales como espinas, escamas y otras partes descartadas durante la elaboración tengan un segundo uso y no terminen tratados simplemente como desechos. Durante el último año, la conservera gestionó mediante esta vía 35,3 toneladas, frente a las 66,5 toneladas del ejercicio precedente.
En conjunto, la empresa ha recuperado 101,8 toneladas en dos años, con una media anual superior a las 50 toneladas. La medida forma parte de la estrategia de la compañía para aprovechar al máximo las materias primas que entran en su fábrica y reducir el impacto ambiental asociado a su actividad.
“El desperdicio alimentario se combate en toda la cadena, y a la industria le corresponde hacer bien su parte y aprovechar al máximo lo que entra en fábrica, gestionando con rigor lo que no acaba en la lata”, ha señalado Ángel Sánchez Delgado, CEO de Grupo Delgado.
España reduce el desperdicio un 19,2%
La compañía ha detallado su modelo coincidiendo con el Día Internacional de Concienciación sobre la Pérdida y el Desperdicio de Alimentos, que se celebra cada 29 de septiembre. Según el Informe Anual 2025 de Desperdicio Alimentario del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, España desperdició el pasado año 1.129,91 millones de kilos o litros de alimentos, contabilizando tanto el consumo dentro del hogar como el realizado fuera de casa.
La cifra supone un ligero incremento del 0,4% respecto a 2024, lo que refleja una moderación en el ritmo de mejora. Sin embargo, la comparación a medio plazo presenta una evolución más favorable: el desperdicio alimentario se ha reducido un 19,2% desde 2020.
Esto significa que los hogares y el resto de los agentes de la cadena han dejado de desechar aproximadamente 269,18 millones de kilos o litros durante ese periodo. Pese al avance, el volumen total sigue siendo elevado y mantiene el aprovechamiento de los alimentos como uno de los principales retos para productores, distribuidores y consumidores.
Pesca artesanal y respeto a las campañas
El modelo de La Brújula comienza antes de que el producto llegue a la fábrica. La empresa compra pescados y mariscos durante sus respectivas campañas y en los momentos en los que presentan una mayor calidad, aplicando un criterio de selección centrado en la estacionalidad.
La conservera trabaja respetando las vedas y las paradas biológicas de cada especie. También apuesta por la pesca artesanal, el producto de proximidad y técnicas de menor impacto, como la pesca del xeito o la captura del bonito con cebo vivo y curricán, métodos que contribuyen a evitar descartes innecesarios.
La procedencia de las materias primas puede seguirse desde el punto de captura y está respaldada por distintivos como pescadeRías, la certificación MSC y la Denominación de Origen Protegida Mejillón de Galicia.
Una vez en la fábrica, la elaboración continúa realizándose de manera artesanal. La compañía no utiliza cortadoras automáticas ni máquinas empacadoras. Las conocidas como damas de la conserva seleccionan los tamaños, limpian cada pieza y realizan manualmente buena parte del proceso.
Una depuradora sin productos químicos
La gestión ambiental se completa con una depuradora biológica integrada en la propia fábrica. La instalación trata las aguas procedentes del proceso productivo antes de su vertido a la red municipal de alcantarillado y funciona mediante microorganismos, sin utilizar productos químicos.
El sistema está compuesto por dos depósitos. En el primero, un filtro retiene los residuos sólidos de mayor tamaño. Después, una bomba sumergible traslada el agua al segundo depósito, donde un agitador y un sistema de aireación permiten desarrollar el tratamiento biológico.
La depuración se organiza en ciclos de 24 horas divididos en seis etapas. Las fases de aireación ocupan 14 horas y permiten que los microorganismos degraden la materia orgánica. Los periodos de anoxia suman siete horas y media y ayudan a reducir el contenido de nitrógeno.
La compañía realiza análisis periódicos durante el año y, cuando resulta necesario, encarga la retirada de los lodos a una empresa certificada. Un sistema con el que La Brújula extiende su política de aprovechamiento más allá de la lata y a todo su proceso de producción.

















