En Hollywood no siempre gana el más grande, sino el que sabe poner más dinero sobre la mesa… y más estrategia detrás. La batalla por Warner Bros. Discovery ha alcanzado su punto más caliente: Paramount Skydance, liderada por David Ellison, ha elevado su oferta para arrebatar el centenario estudio a Netflix, que ya tiene un preacuerdo cerrado. La última propuesta de Paramount podría alcanzar 32 dólares por acción, unos 115.600 millones de dólares, con garantías avaladas por Larry Ellison y cobertura de costes de ruptura del acuerdo con Netflix, que superan los 2.800 millones de dólares.
Pese a estos movimientos, Warner ha rechazado hasta tres veces la oferta, lo que evidencia que la guerra no es solo financiera: también hay choque de intereses y relaciones personales. Los Ellison acusan al CEO de Warner, David Zaslav, de favorecer a Netflix por sus vínculos con la compañía de Los Gatos. Esto llevó incluso a demandar a Warner en Delaware para revelar los detalles del acuerdo con Netflix.
Las acciones reflejan la tensión
Desde la bolsa, el movimiento de las acciones refleja la tensión: Warner apenas se movió, mientras que Paramount y Netflix registraron ligeras subidas, en un tira y afloja donde el tiempo se agota: la ventana de negociación entre los dos rivales solo duró siete días, y si la junta de Warner considera la oferta de Ellison superior, Netflix tiene cuatro días para igualar o superar la propuesta.
El escenario se complica con un componente político inesperado: los Ellison están cerca del entorno MAGA, y Netflix enfrenta presión de Donald Trump y algunos senadores republicanos por sus contenidos. Ted Sarandos, CEO de Netflix, ha dejado claro que el acuerdo es comercial, no político, y que cualquier rival solo puede competir poniendo un mejor trato sobre la mesa.
Detrás de los números y los litigios, la disputa tiene un trasfondo estratégico claro: Netflix busca convertirse en el mayor grupo de entretenimiento del mundo, aprovechando franquicias como Harry Potter y DC, mientras que Paramount quiere dictar las reglas de Hollywood, apostando por tecnología e inteligencia artificial.
El sector observa con cautela. Productores y exhibidores de cine temen concentración de poder y riesgos sobre el empleo, pero todos saben que quien gane definirá la industria del entretenimiento del futuro. En esta guerra de gigantes, no hay empate posible: solo el que mejor combine dinero, estrategia y visión se llevará la gloria.

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