El precio de la vivienda en España continúa subiendo con fuerza, aunque empieza a levantar ligeramente el pie del acelerador. Durante el segundo trimestre de 2026, el coste de comprar una casa aumentó un 12,2% interanual, siete décimas menos que en los tres primeros meses del año.
La moderación, sin embargo, todavía resulta insuficiente para hablar de un cambio de tendencia. El mercado residencial acumula ya 49 trimestres consecutivos de incrementos interanuales, una racha que comenzó en el segundo trimestre de 2014 y que confirma la dimensión del actual ciclo alcista.
Los datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE) reflejan así una realidad con dos lecturas. Por un lado, los precios crecen algo menos que al inicio del ejercicio. Por otro, siguen avanzando a doble dígito y dificultando el acceso a la vivienda para aquellos compradores cuyos ingresos no progresan al mismo ritmo.
Siete décimas menos, pero otra subida de dos dígitos
El incremento interanual del 12,2% supone una desaceleración respecto al 12,9% registrado en el primer trimestre de 2026. Aun así, la vivienda mantiene uno de los ritmos de encarecimiento más elevados de toda la serie reciente.
La evolución confirma que el mercado sigue tensionado pese al enfriamiento gradual de algunos indicadores de actividad. La vivienda se ha convertido en uno de los grandes focos económicos del país, con precios que continúan al alza incluso en un escenario en el que las compraventas han mostrado señales de moderación durante la primera mitad del año.
El balance de los últimos doce meses deja poco margen para el alivio. Para quienes buscan comprar su primera casa, la subida vuelve a traducirse en una mayor necesidad de ahorro previo, cuotas hipotecarias potencialmente más elevadas y una oferta asequible cada vez más limitada.
La vivienda usada mantiene la presión
El mercado de segunda mano continúa teniendo un peso decisivo en la evolución del índice. Este tipo de inmuebles concentra la mayoría de las operaciones realizadas en España y se ha convertido en la principal alternativa para numerosos compradores ante la falta de promociones nuevas disponibles.
La escasez de producto sigue siendo uno de los elementos que condicionan el mercado. Aunque la construcción residencial ha recuperado parte de su actividad, el volumen de viviendas terminadas todavía avanza con lentitud y no logra cubrir completamente la demanda existente en las zonas con mayor presión.
Esta situación mantiene la competencia entre compradores, especialmente en las grandes ciudades, las áreas metropolitanas y los destinos turísticos. Allí, la disponibilidad es menor y el aumento de los precios suele trasladarse con mayor rapidez a las operaciones.
La vivienda nueva, por su parte, también continúa encareciéndose. Su menor presencia en el mercado y los costes asociados al suelo, la construcción y la financiación limitan la capacidad de las promociones para convertirse en una alternativa más accesible.
Doce años sin dar un paso atrás
Los 49 trimestres consecutivos de subidas interanuales muestran que el encarecimiento de la vivienda no responde únicamente a un repunte puntual. Los precios llevan más de doce años creciendo frente al mismo periodo del ejercicio anterior, aunque con intensidades muy diferentes durante ese tiempo.
El actual Índice de Precios de Vivienda utiliza como referencia la base 2025 y mide la evolución de los precios de compraventa de las viviendas libres, tanto nuevas como de segunda mano. Para elaborar esta estadística, el INE emplea información procedente de las viviendas escrituradas que proporciona el Consejo General del Notariado.
El indicador analiza precios efectivos de transacción y no precios anunciados en portales inmobiliarios. De esta forma, permite seguir la evolución real del mercado una vez formalizadas las compraventas.
Comprar exige cada vez más esfuerzo
Aunque el ritmo de subida se haya moderado, el nuevo dato apenas cambia el escenario para los hogares. Un aumento superior al 12% anual mantiene la vivienda muy por encima de la evolución habitual de los salarios y obliga a dedicar una parte creciente de los ingresos a la compra.
También eleva la barrera de entrada. Si el banco financia solamente una parte del inmueble, cualquier incremento del precio obliga al comprador a aportar más capital para cubrir la entrada, los impuestos y el resto de gastos asociados a la operación.
La situación resulta especialmente compleja para los jóvenes y para las familias que buscan vivienda en los mercados más demandados. La mejora de las condiciones de financiación puede facilitar algunas operaciones, pero no compensa por completo un encarecimiento tan rápido.
El segundo trimestre deja, por tanto, una pequeña señal de moderación, pero todavía no un respiro. La vivienda sube algo menos, aunque sigue haciéndolo a un ritmo difícil de asumir para buena parte de los compradores. Mientras la oferta no consiga avanzar al mismo nivel que la demanda, el acceso continuará siendo uno de los principales retos económicos y sociales de España.

















