La escalada de tensión en Oriente Medio ya está pasando factura a las grandes aerolíneas europeas. IAG, Lufthansa y Air France-KLM afrontan un sobrecoste conjunto cercano a los 6.000 millones de euros por el encarecimiento del combustible derivado del conflicto geopolítico.
El impacto está siendo especialmente fuerte en el queroseno, uno de los principales costes para cualquier aerolínea. En el caso de IAG —matriz de Iberia, Vueling o British Airways— el gasto en combustible podría alcanzar los 9.000 millones de euros en 2026, unos 2.000 millones más de lo previsto inicialmente.
Cubierto cerca del 80% de sus necesidades
Una cifra muy similar maneja Air France-KLM, mientras que Lufthansa calcula un impacto extra de 1.700 millones de euros, aunque parte con ventaja gracias a tener cubierto cerca del 80% de sus necesidades de combustible para este año.
Aun así, no todas están reaccionando igual. IAG fue el único de los tres grandes grupos europeos que logró cerrar el primer trimestre con beneficios, ganando 301 millones de euros, apoyado en el buen comportamiento de Iberia y British Airways. Lufthansa y Air France-KLM siguieron en pérdidas, aunque reduciéndolas respecto al año anterior.
El contexto está obligando a mover estrategia. Tanto IAG como Air France-KLM ya han revisado a la baja sus previsiones para 2026, principalmente reduciendo el crecimiento de capacidad previsto. Lufthansa, en cambio, mantiene sus objetivos gracias a medidas de ahorro y optimización operativa.
Mientras tanto, las low cost siguen intentando aprovechar el contexto. Ryanair cerró un año récord con 2.260 millones de beneficio, blindándose parcialmente frente al petróleo gracias a coberturas de combustible y una estructura financiera muy sólida.
La guerra y el petróleo vuelven a poner presión sobre el sector aéreo europeo, obligando a las compañías a ajustar previsiones, controlar costes y buscar eficiencia en un entorno cada vez más volátil.